La casa de Carmen González, ubicada en el número 28 de la calle El Hornillo, en Tacoronte, se encuentra a escasos tres metros de una parcela de más de 2.000 metros cuadrados plagada de zarzas de una altura que han llegado a superar los dos metros, con unos pinchos considerables, residuos y escombros.
Desde hace más de un año y medio, esta vecina lleva luchando sin éxito para que el Ayuntamiento de Tacoronte limpie el solar ante la ausencia de sus propietarios debido al riesgo de incendio, que se agrava con la llegada del verano y las altas temperaturas. “Ahora las zarzas están verdes por todo lo que llovió, pero hace un año estaban completamente secas, con lo cual, el peligro aumenta”, subraya.
La primera instancia la envió el 30 de marzo de 2025. En el escrito solicitaba que se realizaran las investigaciones pertinentes sobre sus propietarios y se procediera a la limpieza. Nunca le respondieron.
Pidió cita con el arquitecto técnico y una semana antes de celebrarse la reunión, una persona “que se identificó como un administrativo” le dijo que estaban en averiguaciones sobre el dueño de la parcela. “En un plazo de dos meses me llamaron dos veces para no llegar a tener la cita presencial con el arquitecto técnico”, sostiene Carmen, quien el 6 de septiembre volvió a escribir para consultar el estado de tramitación de su expediente que, a día de hoy, sigue sin respuesta. “Y lo peor es que cuando entro en la sede electrónica del Ayuntamiento no hay ningún trámite, ya que de haberlo, me enviarían una notificación avisándome”, asegura.
El abandono prolongado ha generado también una plaga de ratas y ratones “de magnitud extraordinaria”, que afecta a su vivienda donde también residen sus hijos de 7 y 8 años, provocando un grave riesgo sanitario y psicológico. La altura de las zarzas les impide salir a jugar y andar en bicicleta con tranquilidad pese a que la vía es idónea para ello ya que es cerrada y casi no pasan vehículos.
Cansada de no recibir respuesta y que la administración no actúe, ha presentado una reclamación patrimonial porque la situación está provocando estrés y ansiedad en la unidad familiar, le resta calidad de vida, y supone un gasto excesivo en desinfecciones y trampas.
Por todo ello, no duda en llegar hasta las últimas consecuencias si es necesario para que el Ayuntamiento asuma su responsabilidad, contemplada en varios artículos de la ordenanza municipal reguladora de la Gestión de Residuos Urbanos y Limpieza Viaria, que Carmen conoce a la perfección.
Uno de ellos es el 32, que establece que “los propietarios de solares y terrenos deberán mantenerlos libres de desechos, maleza y residuos y en las debidas condiciones de higiene, salubridad, seguridad y ornato público, estando legitimado el Ayuntamiento, por medio del Servicio de Limpieza, para llevar a cabo todas las actuaciones previstas en la vigente Ley del Suelo”. En el artículo 33 se añade que ello incluye la desratización y desinfección de los solares, y en el 34, que “es potestad del Ayuntamiento la inspección y realización subsidiaria de los trabajos de limpieza, sean los solares de propiedad pública o privada”. Incluso, el 36 deja claro que el Ayuntamiento “puede derribar la valla de los solares de propiedad privada cuando, por motivo de interés público, se haga necesario para lograr el acceso”, algo que en este caso no sería necesario porque está abierto.
No entiende el “silencio administrativo” del Consistorio, cuyos responsables tampoco han accedido a hablar con este periódico, pero tiene claro que de producirse algún daño derivado de esta situación lo hará responsable. “Con la llegada del calor es muy peligroso, las viviendas estamos pegadas y el riesgo de incendio es alto, no podemos vivir así”, se lamenta.






