La lengua escrita, que no es otra cosa que una representación secundaria de la lengua hablada, para hacerla más duradera en el tiempo y para que tenga más alcance en el espacio, es mucho más conservadora que esta. Y es lógico que así sea, porque no está sometida a las leyes de la evolución espontánea, como la hablada, que es la natural y primaria, sino a las leyes de la evolución programada, que dependen del capricho de los legisladores idiomáticos, sean estos academias o Estados. Por eso escribe y hasta dice el burgués para, por el, demasiado, dentadura, directo y septiembre, por ejemplo, por mucho que en el habla más espontánea se hayan impuesto las formas pa, pol, masiao, entaúra, direto y setiembre, que son evoluciones de la versión fónica que aquellas representan. Y esto independientemente de que haya hablas locales morosas o con ritmo pausado en su desarrollo histórico que conserven soluciones habladas más viejas que las propias de la lengua escrita, como ocurre en Canarias con las formas jorqueta, jaba, jadario, jediondo y joce, por ejemplo, más antiguas que las correspondientes formas escritas horqueta, haba, hadario, hediondo y hoz (con h muda), respectivamente, que son las propias del dialecto castellano. ¿Cómo se explican estos arcaísmos locales? Pues por el retraso que sufren los dialectos que los mantienen respecto del desarrollo del dialecto que sirve de referencia a la lengua escrita, que, en el caso que nos ocupa, es el septentrional. El hecho no contradice, por tanto, el principio universal de que la lengua escrita es siempre más conservadora que la lengua hablada.
Pero, a pesar de su condición conservadora, la lengua escrita se empeña a veces en ir por delante de la hablada, creando formas propias, enteramente artificiales, e imponiéndoselas o intentando imponérselas a esta. Se trata, obviamente, de una anomalía. Es lo que ha sucedido en Canarias con los verbos compuestos escarrar, estrompar, esnucar, eshollinar, esmayar y estrozar, por ejemplo, que se han convertido en el escrita en descarrar, destrompar, desnucar, deshollinar, desmayar y destrozar, con prótesis de consonante dental para, mediante la noción de ‘movimiento de alejamiento reforzado’ que contiene el prefijo des- (aglutinación de los latinos de- y ex-), enfatizar la idea de privación, separación, rompimiento, etc., que dichos verbos implican. Mutatis mutandis, lo misma ha sucedido con los canarismos Yaisa, Tejuate, Guijey, Sonsamas y cambarse, por ejemplo, convertidos en la lengua escrita en Yaiza, Tesguate, Guisguey, Zonzamas y combarse por gentes ajenas al dialecto. Nos encontramos, obviamente, ante invenciones de hablantes cultos o pseudocultos, que, desgraciadamente, debido al prestigio de que goza su modalidad lingüística, han terminado imponiéndose, incluso entre sesudos lingüistas, que no dudan en afirmar que las formas populares mencionadas no son otra cosa que formas de expresión vulgares de gente que no sabe hablar. Según esto, si el pueblo llano dice escarrar, estrompar, esnucar, eshollinar, esmayar y estrozar o Yaisa, Tejuate, Guijey, Sonsamas y cambarse, es porque se come la /d/ del prefijo des-, porque no sabe pronunciar la zeta, porque aspira el grupo consonántico /sg/ y porque asimila la vocal /o/ a la vocal /a/, respectivamente. Es decir, porque, por las razones que sean, es incapaz de articular correctamente los mencionados sonidos de la lengua española.
Esta forma de interpretar los materiales idiomáticos que nos ocupan es enormemente grave, por lo que supone de tergiversación del desarrollo histórico del idioma y de menosprecio hacia unos hablantes que el único delito que han cometido en su vida ha sido respetar la tradición de su lengua, aunque también a ellos se les escape de vez en cuando alguna que otra /d/ espuria y digan desagerar, descoger, descambiar, desaborrar, desplayar o desplicar, en lugar de exagerar, escoger, cambiar, borrar, explayar y explicar, que son las tradicionales en español. En rigor, las formas descarrar, destrompar, desnucar, deshollinar, desmayar y destrozar, o Yaiza, Tesguate, Guisguey, Zonzamas y combarse, no existieron nunca en la lengua hablada y, si hay que mantenerlas, porque las lenguas humanas también se alimentan de supercherías, debe tenerse en cuenta cuál es la verdadera cronología de los hechos. En la recogida de variantes de expresión de palabras tradicionales en los diccionarios dialectales, deben primar las formas habladas (que son las primarias) y de ellas remitir a su representación escrita, y no a la inversa, como suele hacerse habitualmente. Que se trata de dar cuenta lexicográfica de las formas escarrar, estrompar, esnucar, eshollinar, esmayar y estrozar que nos ocupan y de sus variantes descarrar, destrompar, desnucar, deshollinar, desmayar y destrozar, o de los canarismos Yaisa, Lesque, Tejuate, Guijey, Sonsamas y cambarse y las suyas (Yaiza, Lezque, Tesguate, Guisguey, Zonzamas y combarse), pues hay que recoger en principio las primeras y luego las otras, indicando que estas son meras reconstrucciones cultas de aquellas; reconstrucciones cultas que, no por haberse impuesto en la lengua general y ser las empleadas por eso que suele llamarse “hablante culto”, dejan de ser secundarias respecto de ellas desde el punto de vista diacrónico. Lo otro significa desvirtuar la realidad histórica del idioma.

