Hay conmociones en la democracia que resultan infaustas y destrozan el ánimo de los ciudadanos que vivimos en un país. Una de las tramas que nos lleva hasta los mismísimos infiernos es lo que comienza a llamarse el Caso Zapatero. Es cierto que en eso que se llama España la corrupción ha sentado cátedra hasta tiempos muy recientes, cito a Ábalos o a algunos movimientos del PP. También que tales recodos de los caminos alcanzan a las dos posiciones por igual (los ERE, por ejemplo). Pero hoy se nos pone sobre la mesa una absoluta y verdadera atrocidad: el que fuera presidente de este país, José Luis Rodríguez Zapatero, sería el cabeza visible de una operación perversa con acciones directas en el exterior (oro y petróleo, Venezuela), rescates de compañías aéreas o bancos y empresas fantasmas. Se parte de la presunción de inocencia, claro, pero eso no es lo que llega a nuestra alma, lo que presiona al alma de los demócratas dignos de este lugar es que el que fuera el presidente más centrado, más responsable, más íntegro y consecuente de todos los que hemos tenido después de Franco sea un corrupto. Que él lo niega, que no se ha movido de sus ideales y que van a por él. Lo cual nos lleva a pensar en lo que ocurre. Porque si se demostrara la acusación, habríamos de cerrar el kiosco y para siempre. El que sustanció los derechos civiles e individuales, la xenofobia y la homofobia en su lugar, el que tensó los miramientos hacia los desfavorecidos, el que sirvió de intermediario en Venezuela, el que asume las consecuencias del partido aunque no haya votado por Pedro Sánchez (caro Felipe), el que elevara a incuestionable la solvencia, el honor, la dignidad y la consecuencia es un corrupto. Dos posiciones, pues, para el caso: la derecha en su cumbre y la izquierda en los abismos. Pongamos que la verdad sobre el asunto esté del lado de Zapatero, Pedro Sánchez y otros dirigentes progresistas, del PSOE a ERC, que todo es una patraña de la derecha que no se resiste a tumbar a Sánchez (aunque no cuente con votos) y ello con la ayuda de los soberanos jueces ultraconservadores que controlan una parte importante del poder judicial de aquí. Se comentan pruebas: las filtraciones interesadas a Feijoo. Zapatero en ese trance, igual que la mujer del presidente que habrá de ser investigada por una cátedra de la universidad en tanto como el mundo funciona así en esta patria algo habrá. Sánchez es el objetivo. Luego, ¿quién nos defenderá de semejante amenaza?, ¿la justicia que actúa así? Si de ese modo fuera, este es uno de los episodios más lamentables y lacerantes de una democracia en el mundo. Tétrico, horrendo, bochornoso. Eso, repito, o el revés. En efecto, eso que se llama investigación da con pruebas y resultan concluyentes. Si ocurriera cual se prevé, la consecuencia sería más lacerante que las atrocidades de los susodichos jueces. Zapatero.
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