tribuna

Defender lo indefendible

No hay mayor evidencia de decadencia, de derrota, que defender lo indefendible. Y esto ocurre con imperios, con gobiernos y hasta en un debate cualquiera con familiares o colegas. Trump y todo lo que supone su figura y sus políticas son un vivo ejemplo de ello. Un imperio en su momento más boyante no necesitaría, ni permitiría, un liderazgo así, pero están en sus horas más bajas en un mundo cada vez más multipolar, perdiendo su hegemonía planetaria a marchas forzadas y claro, eso les lleva a defender lo indefendible. Donde antes había disimulo, ocultación y negación de la realidad imperial, ahora hay descaro, chulería y ausencia total de reglas o límites frente a sociedades y civilizaciones enteras.

Pues lo mismo pasa con los gobiernos, los partidos y los ciclos políticos y electorales. Hagamos un fisquito de memoria que siempre es un ejercicio sano, fácil y extremadamente útil.

Año 2008, crisis económica vinculada directamente con la burbuja en el sector inmobiliario —¿Les recuerda algo a lo que pasa hoy en día?—, gobierno del PSOE a nivel estatal, liderado por Zapatero. Recortes, despidos, modificación del artículo 135 para priorizar a los bancos frente a los servicios públicos, paro y movilizaciones, huelgas, represión, etc.

La traición se paga en las urnas y gana el PP de Rajoy. Más recortes, más despidos, más movilizaciones y más represión. El ya histórico “que se jodan” que le gritó una diputada en el Congreso a los parados, convertido en políticas públicas. Austeridad lo llamaron, para el pueblo solo sufrimiento y angustia. PSOE y PP de la manita poniendo el salvavidas al poder económico mientras el pueblo se ahogaba en deudas, paro y suicidios.

Pasan los años, cambia la aritmética electoral, pero continúa gobernando el PP. Y empiezan a saltar casos de corrupción, uno detrás de otro. Negación vehemente por parte de los responsables, ataques a jueces y fiscales y golpes en el pecho jurando y perjurando la inocencia absoluta ante todas las acusaciones.

Daban igual las bolsas de basura llenas de billetes de 500, daban igual los Jaguar que “aparecían repentinamente” en casa de ministras, daban igual los documentos, las abreviaturas indescifrables, como M. Rajoy, o las cloacas contra amigos y enemigos. Defender lo indefendible. Nadie es culpable. Hasta que todo el mundo lo es. Condenan al partido por financiar ilegalmente sus campañas electorales y la mayoría política que los sostiene en la Moncloa se diluye. No pueden seguir defendiendo lo indefendible.

Entra al poder de nuevo el PSOE, liderado por Pedro Sánchez, primero en solitario y posteriormente en coalición. El listón contra la corrupción aparenta estar tan alto que un ministro dimite apenas siete días después de ser nombrado por una deuda con hacienda años atrás que ya había saldado. A los tres meses, dimitía otra ministra acusada de plagiar parte de su trabajo de fin de máster.

Ahí estaba la vara de medir respecto a la corrupción, la mentira y la ética requerida en la gestión de los asuntos públicos. O por lo menos así parecía.

Tras el impulso legislativo inicial, llegan otras elecciones, una táctica brillante que demostró ser una estrategia errónea posibilitó los gobiernos de coalición y la importación de esos análisis y tácticas a diferentes pueblos y naciones del estado, Canarias incluida.

Estalla la pandemia. El PSOE gobierna nuestra tierra junto con sus socios de Nueva Canarias, Podemos y Casimiro Curbelo. Mientras el pueblo está encerrado en sus casas y mucha gente pasándolas canutas, desaparecen millones de euros de dinero público destinados a comprar mascarillas y acaban siendo utilizados para adquirir coches deportivos de lujo por empresarios amigos. Y no pasa nada, nadie asume responsabilidades políticas.

Salta el escándalo en la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias, liderado por el actual ministro Ángel Víctor Torres. Amenazas y chantajes a empresarios y ganaderos, mordidas, nepotismo, Tito Berni, prostitución, cocaína, fotos de diputados en calzoncillos en burdeles en Madrid. Y no pasa nada, nadie asume responsabilidades políticas.

El precio de la vivienda por las nubes, destrucción del territorio, alquiler vacacional desaforado y la cesta de la compra cada vez más inaccesible para buena parte de la población canaria. Aún recuerdo cuando en primavera de 2021, mucho antes de que saltaran los casos de corrupción y de que me robaran el escaño del Congreso, compañeras en aquel momento de la dirección de Podemos Canarias —a la que nunca pertenecí— me invitan a una reunión para valorar la salida del Gobierno y la ruptura del Pacto de Las Flores por los incumplimientos flagrantes del programa electoral, para saber si podían contar con mi apoyo.

Les dije que por supuesto que sí, que ya era hora, y me ofrecí a ayudar en todo lo que hiciera falta ante un decisión que la mayoría de quienes estábamos en esa reunión consideramos coherente, valiente y necesaria. Por desgracia, todo quedó en agua de borrajas y se impuso el criterio personal de quienes ocupaban los calentitos sillones del Consejo de Gobierno de Canarias por encima del bien común. Esa es la historia real, la que “casualmente” nunca cuentan.

En ese contexto llegan las elecciones de 2023 y pierden el Gobierno. Pero claro, la culpa no es su gestión nefasta, de los precios de la vivienda o de las fotos en calzoncillos. La culpa era de Drago Canarias. Una formación recién creada, formada por gente joven de todas las islas y sin miedo a señalar corruptelas y desmanes de unos y otros.

Tanto fue así, que su candidato a la presidencia del Gobierno de Canarias, un servidor que les habla, participó en UN solo debate electoral exponiendo lo explicado en los párrafos anteriores y el gobierno del PSOE y sus socios movieron cielo y tierra para excluir a Drago Canarias de cualquier otro espacio de debate en todo el resto de la campaña electoral.

Qué fácil era matar al mensajero, intentar cortar el dedo que señalaba la luna. Cero autocrítica, cero responsabilidades políticas, solo echar balones fuera y culpar al pueblo por votar diferente. En resumen, defender lo indefendible.

Pero la cosa no acaba ahí. Llegamos a la actualidad. Los dos máximos responsables de organización del PSOE durante los últimos ocho años, en la cárcel o a punto de ingresar en ella. Condenas de 24 años de prisión, peticiones de Fiscalía para miembros del partido, investigados del Gobierno, de diferentes instituciones y empresas públicas bajo su tutela. Malversación de caudales públicos, fraude fiscal, prevaricación, falsedad documental, cohecho, blanqueo de capitales, tráfico de influencias, asociación ilícita y un largo etcétera. Todo presunto, por supuesto, pero los procesos están en curso y decir que todo es lawfare es precisamente llegar a donde nunca se debe llegar. A defender lo indefendible.

¿La condena al secretario de organización del PSOE es lawfare? ¿Que Hacienda se persone en la causa contra Zapatero para saber de dónde vienen las joyas valoradas en 1,3 millones de euros que tenía en su despacho es lawfare? ¿La instrucción del juez Pedraz, al que el portavoz del PP en el Congreso llegó a llamar “pijo ácrata”, contra altos cargos del partido y empresarios amigos es también lawfare?

Están huyendo hacia delante, ya del listón contra la corrupción de los días posteriores a la moción de censura solo queda el recuerdo, la doble vara de medir sonroja a cualquiera con un mínimo de decencia y pensamiento crítico. No solo que ya nadie dimite, que ya nadie asume responsabilidades políticas ni se le espera, es que además optaron por la salida más vergonzosa posible. Atacar, mentir y difamar contra quienes sí nos atrevemos a señalar la corrupción, venga de donde venga.

No vamos a defender lo indefendible, primero porque no le debemos nada a nadie y la situación actual de corrupción generalizada, parálisis legislativa y carestía de la vida tiene responsables y los vamos a señalar siempre.

Pero es que además, no lo vamos a hacer porque defender lo indefendible es una fábrica de votos para la extrema derecha. Es regalar el imaginario de mucha gente trabajadora de nuestro país y del conjunto del estado de que es precisamente la extrema derecha la única que se atreve a criticar la corrupción cuando gobierna “la izquierda”. Mientras el PSOE está atrincherado y el PP carece de autoridad ética y moral para criticar con credibilidad la corrupción, la izquierda estatal y quienes aún arrastran la herencia del Pacto de las Flores miran para otro lado, transmitiendo la sensación clara a la gente de que solo critican la corrupción cuando es del adversario, cuando son “los suyos” los que roban, extorsionan y enchufan, ahí se quedan calladitos.

Claro, después toca poner cara de sorpresa cuando crece la extrema derecha y buscar culpables fuera de sus filas. Critican ferozmente e inventan bulos contra Drago Canarias por tener la valentía de señalar la corrupción de unos y otros mientras seguimos trabajando y generando propuestas isla a isla, barrio a barrio. Ojalá tuvieran la misma fiereza y las mismas agallas para criticar la corrupción de sus amigos y la de los gobiernos en donde participaron. En Canarias, de momento, ni mú.

La escuela del mundo al revés, como diría Eduardo Galeano. Defienden lo indefendible para seguir en el poder y ponen en bandeja la entrada de la extrema derecha en los próximos gobiernos. Y además lo hacen conscientemente, a ver si el miedo de una parte de la población a las políticas de odio hace que les vuelvan a votar a ellos y así poder seguir robando en nombre de “la izquierda y progreso”.

La corrupción con purpurina también es corrupción. Afortunadamente, en nuestras islas tenemos una alternativa electoral de obediencia canaria, progresista, que no tiene miedo, ni mordazas, ni cálculos electorales para señalar la corrupción venga de donde venga. Por eso nos temen y precisamente eso es lo que nos hace crecer cada vez más. En 2027 se van a llevar un buen susto. ¿Y saben qué les digo? Que bienvenido sea porque se lo merecen, pero sobre todo, porque se lo merece el pueblo canario después de tanto aguantar.

*Concejal de Drago Verdes Canarias en La Laguna

TE PUEDE INTERESAR