Canarias es inquietante como cualquier persona a la que ayudo a creer en sí, a sentirse bien y a realizarse. Sin embargo, mi papel de psicoterapeuta es menos conflictivo que hacer de espejo de lo que los canarios somos como pueblo: recibiré palos de un lado y de otro, sobre todo de políticos. Yo, como canario de hoy, siento a mi pueblo dentro de mí. Somos la encarnación viva de una comunidad que se ha reconstruido superando penalidades históricas. Esta reflexión surge tras mi artículo sobre cuándo y cómo llegaron los protoguanches. Aquellas líneas —sobre los recientes hallazgos en pirámides del norte de Tenerife— generaron rico diálogo con el periodista J. R. Díaz en El Rompeolas, en una crónica existencial más allá de los datos temporales, que tampoco debemos olvidar:
TODO LO CANARIO ES MISTERIOSO
¿Cuándo llegamos?
- La teoría clásica del poblamiento próximo —en torno a la Era Cristiana, inducido por Roma o Cartago— se fortalece por los restos humanos detectados por Carbono 14. Sin embargo, la ausencia total de metal y gallinas, a mí me cuestiona esa hipótesis.
- La teoría milenaria. El método OSL o de luminiscencia da fecha de la última exposición solar de minerales enterrados. Así, los sedimentos y cerámica de Lanzarote y Fuerteventura, como las pirámides de Tenerife son datados entre 2.500 y 3.000 a. C. Esto encaja con la desertización del Sahara y apunta a una cultura neolítica muy antigua, adyacente a Egipto, que se fue desplazando hacia el norte africano. Posteriormente, se supone que estos proto-guanches habrían sido trasladados al archipiélago en varias oleadas gestionadas por navegantes externos, por trueque, explotación o motivos humanitarios —la ausencia de vestigios navales justifica esa acción externa, que no se refuta, sino que se afianza, si se alude al uso de la corteza del drago como transporte, citado por Torriani.
¿Hay más pruebas para reforzar la presencia humana milenarias a la Era?
· Reloj genético: el haplogrupo U6b1a mitocondrial, exclusivo de Canarias, requiere unos 2.800 años para consolidarse en todas las islas, otro tanto, si se hubiera generado en el continente.
· Vacío tecnológico y faunístico: traer cereales y ganado, pero “olvidar” metal y gallinas es ilógico, si se piensa en una deportación púnica o romana. Esto, para mí, ha sido el resorte de mis cuestionamientos.
· Epigrafía arcaica: las inscripciones líbico-bereberes existentes, siendo previas a la romanización, es otro argumento en contra.
· Restos exóticos: pieles de ciervo en una momia palmera y ovejas de pelo sin lana apuntan a fases de saharianas antiguas.
· Divergencia cultural: la evolución de idiomas, ritos y cerámica en las islas exige milenios de aislamiento, no pocos siglos.
LA ROJA PARA UN INDEPENDENTISTA
Hace poco empatizaba con mi amigo Rubén respecto a “La Roja”. Comprendo su postura de “alzado” contra el sometimiento histórico. Como respeto la diversidad política de los canarios —al margen de su canariedad—, debo abordar esta disonancia psicosocial.
Mi teoría, heterodoxa para muchos, es sencilla: los canarios constituimos una entidad viva cuya fuerza reside en ser un todo resiliente, superior a la suma de sus partes. La metáfora del agua lo explica: sus propiedades no se parecen al oxígeno ni al hidrógeno que la forman. Así ocurre con la identidad canaria: no es la yuxtaposición del europeo conquistador ni del guanche conquistado. Los más puros me acusarán de enaltecer el mestizaje. Lo entiendo, porque cada cual remarcará uno de esos lados, ignorando la realidad y alquimia de nuestra historia, que se hace más apremiante con los nuevos y numerosos residentes, que se sentirán canarios como Quevedo.
LOS TRAUMAS DE CANARIAS
Lo importante es resaltar nuestro carácter existencial como pueblo. “Arrojados a unas islas”, tuvimos que adaptarnos a ellas, pero ni el aislamiento insular pudo salvarnos de la voracidad exterior. Pronto, con la explotación de la orchilla en nuestras costas, de manera funesta, llegó la cacería y esclavitud de nuestros hermanos por parte de gente europea.
Luego, la crueldad de la conquista. Se apropiaron de nuestras tierras, ganados, cultura, creencias, idioma y costumbres. La posterior colonización y caciquismo condicionaron nuestra autoestima. Así, comprendo que gente como Rubén solo pueda identificarse con raíces guanches.
EXISTENCIALISMO RESILIENTE
A pesar de todo, nuestra historia posterior fue una carrera de superación:
- Ingenio para controlar el agua mediante destiladeras, bernegales, gavias, aljibes, estanques, acequias, pozos y galerías, penetrando en kilómetros en las entrañas de la tierra. También, creando terreno cultivable, con bancales y sorriba de malpaíses.
- Tolerancia al asedio de piratas, plagas de langostas y erupciones volcánicas.
- Resiliencia ante graves crisis económicas con el hundimiento de los monocultivos cíclicamente: caña, vid, cochinilla, tomate, plátano y, hoy, turismo.
- Migraciones dolorosas: hambre, emigración forzada a América e inmigración que hemos absorbido.
- El turismo, nuestra gallina de los huevos de oro, por fin el gran respiro, pero también, junto a la globalización, dependencia, pérdida de identidad, problemas de vivienda y superpoblación, con la búsqueda constante de autonomía.
CANARIAS, UNA REALIDAD NUEVA Y DISTINTA
A pesar del trauma, emergimos como una realidad nueva, singular y genuina. Para las diversas opciones políticas es innegable el componente europeo —concretamente español— en gestos, cultura y genes, como también el ala guanche, presente en sensibilidad y genética, tantas veces minusvalorada.
No reconocer ambos componentes es negacionismo estéril. Con todo, no somos ni lo uno ni lo otro, tal como el agua difiere de sus elementos o el árbol de la semilla que lo engendró.
Nosotros, hoy y aquí, somos CANARIAS: un pueblo heroico, diferenciado y resiliente en su odisea histórica y, sobre todo, en su proyecto de futuro, que eso mismo marca su identidad diferenciada de cualquier pueblo.

