tribuna

Valbanera, el Titanic canario

Hubo un tiempo en que emigrar significaba no regresar. Como se había venido haciendo desde hacía varios siglos, en las primeras décadas del siglo pasado miles de canarios embarcaban con una maleta en busca de una vida mejor en América, mayoritariamente hacia Cuba o Venezuela. Muchos lograron llegar a tierra. Pero otros desaparecieron sin dejar huella. Entre ellos, los aproximadamente 488 pasajeros y tripulantes del Valbanera, un vapor español hundido durante una tempestad en aguas del Caribe durante la madrugada del 9 al 10 de septiembre de 1919, siendo considerado hasta la fecha el mayor naufragio civil en la historia migratoria de Canarias. El buque había sido construido en los astilleros de Glasgow en 1906, pertenecía a la Compañía Pinillos y cubría la ruta entre España y América. Era un vapor mixto, con velamen auxiliar, de casi 120 metros de eslora, que transportaba carga y unos 1.200 pasajeros entre: Barcelona, Cádiz, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife y los puertos del Caribe. El 10 de agosto de 1919 zarpó desde la Península con escalas en Valencia, Málaga y Cádiz antes de llegar a Canarias, con destino Cuba. En el archipiélago canario se subieron a bordo centenares de emigrantes. Algunos llevaban contrato firmado para trabajar en plantaciones azucareras o tabacaleras, pero muchos viajaban por cuenta propia, con “cartas de llamada” de familiares, con la esperanza de conseguir empleo al llegar.

En aquella época, la emigración a Cuba desde España estaba regulada bajo estrictas normas. Después de una escala en Santiago de Cuba, donde desembarcaron más de 700 pasajeros, el barco partió hacia La Habana. Era 9 de septiembre, de madrugada. El mar estaba embravecido. Un huracán se acercaba. A la entrada del puerto habanero, la tripulación solicitó permiso para entrar, pero la petición fue rechazada por las autoridades debido a las condiciones meteorológicas extremas. Nadie volvió a ver al Valbanera. La radio dejó de emitir. Ni un SOS -señal de auxilio que estaba en uso internacional desde 1908-. Días después, un buque de la armada estadounidense localizó los restos del vapor semihundido sobre un banco de arena llamado Rebecca Shoal, al suroeste de Cayo Hueso, en La Florida.

Los mástiles asomaban sobre el agua, pero no había supervivientes. Tampoco cadáveres.

Los botes salvavidas seguían colgados en sus pescantes. Las bodegas estaban intactas.

¿Por qué no hubo evacuación?, ¿Murieron atrapados tras encallar de forma repentina o pasto de tiburones al caer al agua?, ¿Por qué la tragedia fue tan silenciada? En un país donde los naufragios civiles solían despertar la atención de la prensa, el caso del Valbanera apenas ocupó unas columnas en diarios nacionales. Pueblos como: Teror, Telde, Tazacorte o Tijarafe fueron especialmente golpeados por la tragedia del barco, ya que a bordo del vapor iban muchos vecinos de esas localidades. Algunos periódicos hablaron de que algunos náufragos intentaron llegar a tierra en balsas improvisadas y se ahogaron en los manglares. Otros hablaban de tiburones, de saqueadores de barcos, incluso de fantasmas… La verdad es que el Valbanera quedó convertido en tumba flotante de más de cuatrocientos isleños cuyos nombres aún figuran en listas amarillentas de archivos parroquiales. La mayoría jamás tuvo una cruz sobre una sepultura en tierra. Solo algunas placas en Cuba y en Canarias recuerdan la triste efeméride, que sigue siendo muy desconocida para la mayoría de los canarios.

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