El Tete tiene seis puntos en la Liga, de seis posibles. Y Rayco García metió 18.000 personas en el Heliodoro, el pasado domingo. Rayco sí es un mencey, como lo llama alguno. Del fútbol. No intenten derribar a una persona que ha devuelto la ilusión a los birrias, amodorrados durante mucho tiempo. Miren, Javier Pérez fue un médico ginecólogo, visionario y entrañable, a quien yo admiraba y quería. Y al que acompañé durante su etapa como presidente del Tete por toda Europa. Por cierto, les traslado una anécdota graciosa. Nadie sabe, porque nunca lo he contado, que Javier tuvo que huir de Cuba porque colocó un petardo en la puerta de un cine para desafiar al régimen de Fidel, siendo estudiante de Medicina en La Habana. Un petardo que no hizo daño a nadie (era una especie de volador navideño inofensivo), pero que sí alertó al régimen de Castro de que había gente que no lo quería. Tuvo que salir por patas. Llegó aquí, se hizo médico e inventó un nuevo Tenerife. Del Tete viejo no queda, tras la muerte reciente del eterno secretario general, mi gran amigo Domingo Pérez, sino mi otro queridísimo amigo, Pepe González Carrillo, que tiene 93 años y a quien el Tenerife va a distinguir dentro de unos días. Rayco y yo lo llamamos ayer por teléfono y el viernes estaremos juntos en el palco, en el partido contra el Sporting. No sé lo que moverá a los analfabetos funcionales a meterse con Rayco, pero yerran. Ha devuelto su identidad al Tete. Y sí, es el mencey del Norte. Y el hombre que ha renovado la ilusión de una afición dormida, que ahora vibra en las gradas del viejo estadio cuya historia ha contado con precisión quirúrgica mi compañero Luis Padilla. No destruyan, por envidia, lo que funciona. Y algunos personajillos, mejor callados. Esto no es lo suyo, ni tienen puta idea de lo que escriben con ayuda de la IA, porque solos no serían capaces.
