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Manuel Hernández, catedrático de Historia: “La ULL resultó la más contestataria a Franco al contar con los rectores y muchos profesores”

El catedrático investiga la trayectoria de la Universidad de La Laguna ante el centenario de la institución, que se celebrará en 2027
Manuel Hernández, catedrático de Historia: “La ULL resultó la más contestataria a Franco al contar con los rectores y muchos profesores”
Manuel Hernández González, catedrático de Historia. DA

Se trata de uno de los profesores referentes de la Facultad de Historia de la Universidad de La Laguna, sin duda de los de mayor producción bibliográfica, catedrático de Historia de América y especialista también en Canarias. De ahí que no extrañe que, ante el centenario del centro docente superior de Aguere, que se cumple en 2027, la institución en la que estudió y da clases desde hace decenios el orotavense Manuel Hernández González le haya encargado, dentro de los actos conmemorativos, una investigación sobre el deambular de una universidad que forma parte ya de la espina dorsal de la sociedad canaria y tinerfeña.

-¿Cómo lleva la investigación? ¿Cuándo sale y se presenta el libro sobre la ULL?
“La Universidad quiere presentarlo en septiembre del año que viene, que es cuando se cumplen los cien años de su actual etapa, la reciente. Más o menos, lo llevo por la mitad…”.

-Pero existe mucha confusión y gente que piensa que la ULL es mucho más antigua, por aquella celebración de su supuesto bicentenario en el 92…
“De hecho, tendría mucho más que esos 200 años que se celebraron en 1992 porque, en realidad, la primera universidad en La Laguna fue la agustina de 1740 a 1743, donde hoy está el instituto Cabrera Pinto, pero solo duró estos tres años porque fue suprimida. Luego, hubo una real cédula, de 1792, que de ahí viene la confusión, que decía que se iba a fundar una universidad, pero nunca aclaró dónde iba a estar. Y todo esto se retardó hasta 1817, cuando un lagunero que, aprovechando que era confesor de Fernando VII y su educador, Cristóbal Bencomo, logró dos cosas para La Laguna casi simultáneas: la Universidad de San Fernando en 1827 y, dos años después, el Obispado. Esa universidad se suprimió en 1845, siendo sustituida por el Instituto de Canarias, de enseñanzas medias. Solo en 1927, por el pleito insular, en el mismo decreto en el que se divide Canarias en dos provincias, creándose la de Las Palmas en plena dictadura de Primo de Rivera, para compensar a Tenerife se crea la ULL en el artículo séptimo con dos carreras: Derecho, la tradicional, y Química, porque se estaba desarrollando en Santa Cruz la primera refinería de petróleo de España”.

-Pues a aquel ‘bicentenario’ se le dio mucho bombo en 1992, incluso con camisas, pancartas, artículos… ¿Se jugó demasiado a la confusión para realzar a la ULL en pleno surgimiento de la Universidad de Las Palmas?
“Lo que se argumentó, a mi entender por error, es que el decreto de 1792 crea la ULL, pero en realidad nunca se llevó a la práctica, ya que ni siquiera se decía que se levantaría ahí. De hecho, se le encargó al obispo que había en ese 1792, Antonio Tavira, que se ocupara de esto, pero pasaron sus cinco años de Obispado y no se decidió, entre otras cosas porque tenía el Seminario Conciliar por un lado y la presión de La Laguna por otro. Nunca hubo nada hasta 1817. Se hizo eso en 1992 porque aprovecharon este pretexto, pero todo el mundo sabía que la universidad primera es de 1817 a 1845 y que no volvió hasta 1927”.

-¿Cómo fueron esos primeros años; cuándo comienzan a aumentar las carreras?
“En 1941, se crea Filosofía y Letras porque existe una ley que dice que no puede haber una universidad con solo dos carreras, en este caso Derecho y Química. Se opta por esa tercera, pero solo especializada en Clásicas, en Latín y Griego, algo típico en ese primer franquismo”.

-Da el salto de la guerra, pero, ¿cómo se vivió el golpe de estado reaccionario y el conflicto en la ULL? ¿Se persiguió a muchos profesores?
“Sí, a muchos. El propio rector y gran parte del profesorado fueron expedientados, no pueden ejercer o se van al exilio porque rechazan el golpe y la dictadura. Otros se mantienen durante muchos años, como un famoso profesor de Derecho, Peraza de Ayala, pero mucho tiempo como interino porque, para ser catedrático, se necesitaba un certificado de adhesión al Movimiento y todo aquel que no lo tuviera, no podía optar”.

-Pero el golpe parte de Tenerife: ¿se expusieron públicamente en contra en esos días y meses iniciales?
“Sí, la mayoría era contrario al golpe, pero se impuso por la fuerza y, en Canarias, directamente por los militares”.

-¿Y cómo surgen luego el resto de carreras?
“Se desarrollan ya en la época de Antonio González y Jesús Hernández Perera, a finales del franquismo, cuando empieza, por un lado, la Facultad de Medicina y se va ampliando poco a poco Ciencias, primero creando cátedras y, después, cursos de carreras como Biología, Geología y Física, lo que dará paso a la creación del Instituto de Astrofísica. En esos años es cuando empieza a modelarse la universidad tal y como la conocemos”.

-¿Cómo se desarrollaron los edificios e infraestructuras?
“Cuando se crea la ULL, se hace donde hoy está el edificio de la Económica, en la calle San Agustín, pero resultaba tan pequeño que el paraninfo era el propio instituto Cabrera Pinto, que está al lado. Cuando se crea Filosofía y Letras, se usó lo que es hoy el Museo de Historia para dar clase y solo en 1953 se crea el edificio central, aunque tuvo enormes problemas porque se quedó pequeño desde el principio ya que estaba previsto solo para dos carreras, pero ya había tres. De hecho, hubo que ampliarlo en altura y, al lado, se hizo otro edificio con Antonio González, el que llamamos La Chocolatera, donde está hoy la Facultad de Educación y, hasta 1992, la de Filosofía y Letras, que luego pasa a Guajara”.

-¿El momento más crítico fue cuando surge la universidad de Las Palmas o los hubo peores?
“Lo de Las Palmas ya estaba cantado en 1989 porque, con anterioridad, con Hernández Perera y Benito Rodríguez Ríos se había ido creando lo que se llamó la Universidad Politécnica de Las Palmas, que contaba con Arquitectura e ingenierías, así como con colegios universitarios de Filosofía y Letras, Filología, Historia y Medicina. Lo que pasa es que, políticamente, esa Politécnica quería convertirse en Universidad de Las Palmas cuando estaba de consejero de Educación Enrique Fernández Caldas, natural de Mazo y que había sido rector de la ULL entre 1973 y 1976, quien se oponía abiertamente. Sin embargo, el Gobierno de Olarte decidió crearla, por lo que él, que era de las AIC, dimitió. El momento más crítico fue la guerra civil porque gran parte de los catedráticos y profesores fueron expedientados e, incluso, algunos estuvieron encarcelados en Fyffes, como Serra Rafols. Además, a muchos que no eran permanentes se le impidió seguir o se les mantuvo precariamente porque, claro, los presupuestos eran en aquella época absolutamente de risa. Por ejemplo, Química no tenía laboratorios o no había biblioteca, salvo la del instituto provincial, que será la génesis de la actual. Las condiciones, pues, eran muy precarias; y es que hay que tener en cuenta que, en la dictadura, era muy difícil que llegasen profesores con ideas contrarias al franquismo. Esto llevó, en los últimos años del régimen, a las grandes huelgas de los llamados profesores no numerarios, los penenes, que eran la inmensa mayoría. Fueron años de grandes tensiones con los rectorados de Hernández Perera y Rodríguez Ríos. De hecho, los dos fueron destituidos por el ministro de Educación y fue colocado Caldas, lo que hizo que, durante dos años, los profesores hicieron paros en gran parte de los meses. La Transición, pues, fue un momento de gran tensión. Es más, Caldas dimite en 1976 porque se invitó a un cantante famoso catalán, Lluís Llach, y la policía lo prohibió. Le siguió un catedrático de Historia Moderna, el grancanario Antonio Béthencourt y Massieu, ya cuando los guardias asaltaron la ULL, curiosamente con Luis Mardones de gobernador civil, luego diputado de la ATI y CC. La Guardia Civil y el resto de fuerzas represivas atacaron y Fernández Quesada fue asesinado. Fueron años muy críticos, justo cuando la nueva ley de Villar Palasí crea el BUP y las escuelas universitarias porque las ingenierías y los peritos mercantiles no eran carreras estrictas. El problema es que Palasí fue destituido, no había recursos y gran parte del profesorado seguía con la precariedad cuando la gente ya quería ir a la universidad. Su sucesor, Martínez Esteruelas, originó también gran tensión al crear la selectividad para restringir el acceso”.

-La contestación universitaria al régimen fue muy potente y célebre en Madrid, Barcelona… pero, ¿resultó aún más fuerte en la ULL o se ha mitificado mucho?
“No se ha mitificado. Aquí hubo grandes tensiones, pero, como decía un historiador detenido entonces, Agustín Millares Cantero, profesor ya jubilado de Historia de los Movimientos Sociales de la ULPGC, la diferencia entre la ULL y el resto es que, en La Laguna, la mayoría del profesorado, incluidos los rectores, apoyaron ese movimiento de protesta y, por eso, tuvieron tantos problemas políticos. Como decía Hernández Perera en un artículo, fueron una rara avis. De hecho, los estudiantes eran metidos presos y la mujer del rector les llevaba dulces. Por ejemplo, a Fernando Sagaseta se le impidió, incluso, ejercer de abogado y fue recibido por el propio rector en la escalinata con la presión de la policía secreta, que contaba con un montón de alumnos infiltrados. Lo raro de la ULL es que los propios rectores trataron de evitar medidas radicales del régimen. El ministro Julio Rodríguez, colocado cuando ETA asesina a Carrero Blanco y que se hizo famoso al negarle la mano al cardenal Tarancón en el entierro, fue rector de la Autónoma porque el franquismo tuvo miedo y hubo una regresión política tras ese atentado. De hecho, Perera y Ríos fueron elegidos por el claustro universitario, pero esto luego se prohibió y Rodríguez pone a Caldas a dedo porque la ULL era esa rara avis ya que la mayoría del profesorado tenía ideas democráticas. Esto explicó que, porque el movimiento contestario era tan extenso y fuerte, nunca se cerró, lo que sí ocurrió en otras, entre otras cosas por la oposición de los rectores”.

-¿Resultó ser la universidad más contestataria de todas?
“Sí, en el sentido de que contó con el profesorado más democrático de todo el país”.

-¿Y cómo ve la ULL ahora? ¿Salvo algunas carreras con prestigio, como Química, siempre se ha dicho que su nivel era medio bajo? ¿Es justo, falso…?
“Es una acusación que siempre ha sido bastante injusta porque, como se ha demostrado, incluso ahora, con el ranking de Shangai y a pesar de las restricciones económicas y para la investigación, sigue figurando entre las mil más importantes del mundo. El gran problema que tuvo fueron los llamados catedráticos aves de paso, que a veces no estaban ni tres meses porque el franquismo se planteó La Laguna casi como una universidad de destierro. La gente venía porque no le quedaba más remedio, pero se iba a las primeras de cambio, lo que pasó hasta con la primera ley de los socialistas, salvo algunas excepciones. Por eso fue muy importante que Antonio González fuera el primer rector formado en la ULL, lo mismo que Perera y Caldas. Eso hizo que avanzara a pesar de un sistema que casi no pagaba al profesorado. Por ejemplo, Juan Régulo Pérez, preso en campos de concentración, incluso en el Norte de África porque era maestro y fue represaliado, hizo la carrera en la ULL y dio clases más de 40 años de encargado por cuatro perras asquerosas, por lo que, en realidad, vivía de una imprenta. Otros tuvieron que dar clases en institutos”.

-¿Qué hitos, investigaciones y logros destaca en los 100 años?
“Sin duda, y entre otros, la creación desde la facultad de Química del Instituto de Productos Naturales, un gran logro de Antonio González. Francisco Sánchez consiguió el IAC a partir del Observatorio del Teide (y luego en el Roque de los Muchachos), lo que facilitó la carrera de Física. Fue cuando se intentó dar respuesta a los enormes problemas que trajo el franquismo y aquellas pésimas condiciones. Eso permitió luego crear nuevas carreras que alcanzaron un nivel y una reputación considerables, como Medicina, Biología, Farmacia… Filosofía y Letras, poco a poco, se fue desglosando desde Clásicas desde los años 60 en carreras con profesores cualificados… En letras, Hernández Perera logra el Premio Menéndez Pelayo en 1953 por su estudio de la orfebrería de Canarias, y luego hubo profesores absolutamente increíbles que nunca fueron funcionarios, como Alejandro Cioranescu (pionero de la Literatura Comparada), que vino huyendo de Rumanía, que estuvo 30 años de profesor en Francia y que aquí no pasó de ser más que un adjunto o interino”.

“El mayor problema es si realmente se apoya a la pública”

Hernández cree que el gran reto de la ULL es cómo renovar a su profesorado. “Estamos en una época de transición por un proceso amplio de jubilación, algo que no es fácil. La clave es si se apoya a la pública ante esta proliferación de centros privados. Por eso se ha creado un movimiento en La Laguna y Las Palmas para mantenerlas porque son las únicas que, por ejemplo, sostienen la investigación. Pero hay gobiernos autónomos muy perjudiciales, al apoyar centros privados con criterios de dudosa calidad docente e investigadora. Lo de Madrid es escandaloso, aunque también han crecido en Canarias y alguna con informes negativos, como la colombiana vía internet”.

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