La foto es de premio. Pero también es el resumen de la tragedia, de la mentira y del caos. Un chico llora en un muro fronterizo de Ceuta y, a su lado, un mendrugo de pan. El joven llegó nadando, jugándose la vida, atendió la llamada en las redes, cayó en el engaño. Y el mendrugo de pan era todo lo que pudo conseguir, tras cruzar el muro que lo separaba de un mundo que no encontró, porque no existe. ¿Qué les estarán contando en esta jugada de estrategia? Yo ya me hago viejo y nada me sorprende, pero voy a apagar el televisor en agosto. No quiero que en mi 79 cumpleaños, a un pie de la cuarta edad, los telediarios me jodan lo poco que me queda. Dicen que el resumen será más de 100 muertos, de entre quince y treinta años, flotando en el mar. El espectáculo es terrible, todos los telediarios del mundo abren con imágenes de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Los analistas –ay, mi madre— que juzguen, yo me quedo con la foto del chico llorando, con las manos pegadas a su rostro y el mendrugo de pan inacabado junto a él, como única parte conquistada del paraíso prometido. Apago el televisor, no sintonizo la Cope a las cinco de la madrugada para escuchar “el parte”. Nada. No quiero que otra foto ni otro momento sentimental me quiten el sueño, ni que me provoquen una muerte anticipada. Vaya verano que nos espera, entre fuegos e invasiones. Ha desaparecido el sosiego y ahora hasta se nos va a impedir viajar a nuestro propio gran país, que es Europa, sin pasar por los filtros adecuados. Dios, ¿pero qué está pasando? Y lo peor es que quienes vienen detrás serán iguales o peores. ¿O es que no se han fijado ustedes en los rostros de la oposición?
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