por qué no me callo

Dos guerras cortadas por la misma tijera

Las dos guerras activas que más inquietan al mundo, Ucrania e Irán, no empezaron a la vez, pero parecen gemelas, las dos irrumpieron un mes de febrero, con una frustrada vocación de brevedad. Putin y Trump pensaron que sería cuestión de semanas. Pero los rusos llevan cuatro años y medio y los EE.UU. e Israel, seis meses.

Este es un momento sumamente delicado en dos frentes, cuyas consecuencias en los bolsillos de medio mundo ya se disparan en EE.UU., Europa y, por ende, España, a la hora de pagar en el surtidor y con vistas a la inflación. Era inevitable que las bombas impactaran en el IPC. Pero al daño económico se suma, en las últimas horas, una espiral militar peligrosa que amenaza con sacar de la caja de Pandora el arma nuclear táctica.

Hemos entrado en esa alerta inusitada, aunque la política doméstica española, disociada en su imaginario ceutí con Marruecos, se evada de la realidad geopolítica mundial y nada se diga al respecto, como si fuéramos un país ignorante.

A Putin se le acaba la paciencia, lo cual no es nuevo, y el nivel de este tipo de riesgo (que EE.UU. mide mediante el sistema DEFCON) debe de ser ahora mismo alto (en una escala del 5 al 1, el 1 es el máximo), tras la reciente visita a Moscú del director de la CIA, John Ratcliffe. Después de entrevistarse por sorpresa con su homólogo ruso, Serguéi Narishkin, del Servicio de Inteligencia Exterior, se ha empezado a hablar abiertamente del tema.

En España, como ven, estamos a la luna de Valencia, teorizando, por boca de algunos, sobre la huella de Rabat en el asalto fronterizo del 30 y 31 de julio, por ver si cabe abrir fuego. Enanismo político, que retrata a la oposición menos informada de Europa.

El flanco oriental de la OTAN está en alerta máxima por los ataques cinéticos híbridos de parte de Rusia, con drones que no auguran nada bueno. Tensan la idea de una incursión convencional en Polonia o países bálticos, que ponga a prueba el artículo 5 de defensa mutua. Dentro de Ucrania es más grave el semáforo, que enciende cierta luz desconocida hasta ahora: la citada amenaza nuclear táctica, que ya no es tabú.

Trump reaccionó con modales disuasorios mandando a su hombre a Moscú, pero todo el mundo teme, conociéndole, que copie la receta después en Irán, donde le va peor que a Putin en Ucrania. Este, desaforado, desafía a Reino Unido, culpándole de los ataques ucranianos en Rusia, que van en aumento. Es cierto que Trump le ha advertido de que la OTAN no se quedaría quieta.

Este es el terreno que estamos pisando desde el martes, en que John Ratcliffe (CIA) pisó Moscú. La última vez que hizo este viaje el jefe del espionaje yanqui (entonces era William Burns) fue en noviembre de 2021, poco antes de la invasión rusa de Ucrania (24 de febrero de 2022).

¿Putin y Trump son líderes confiables, dado que los dos tienen acceso a ese maldito botón? ¿Cómo están sus cabezas? El ruso es un caso opaco. Sobre Trump, en cambio, sus detractores hacen recaer la sospecha de que sufre demencia, como afirma sin rodeos el economista estadounidense y asesor de la ONU Jeffrey Sachs, una voz respetada en la geopolítica internacional. A Trump le persigue, además, un supuesto incidente, en los días más críticos contra Irán, en que habría pedido los códigos nucleares a su jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine, que se negó.

Vivimos a caballo de dos guerras que parecen guerras mundiales encubiertas. Seis meses después de los infructuosos ataques de EE.UU. e Israel contra Irán (desde el 28 de febrero de 2026), la inflación desatada tras el cierre del estrecho de Ormuz, por donde transitaba la quinta parte de los hidrocarburos de todo el planeta, es una bomba económica global de relojería.

EE.UU., ya escaso de armamento tras mermar los arsenales imprudentemente, acaba de improvisar una ofensiva del Día D contra Irán, que lo pone al borde del ridículo. La necesidad de vender un éxito contrarreloj para tapar un fracaso como el de esta guerra inoportuna en Oriente Próximo (ni el anuncio como beneficiario de la quinta parte del petróleo venezolano lo arregla) se basa en el descrédito de Trump (solo un 33% de popularidad) ante las elecciones de medio mandato en noviembre.

El 24 de este mes, Trump recibe a Xi Jinping en EE.UU., que le devuelve la visita de mayo a Pekín. Es una cumbre de sombras chinas. La potencia asiática domina el 90% del refinado de las tierras raras, clave para las nuevas tecnologías y la fabricación de misiles guiados, justo lo que necesita con urgencia la diezmada industria armamentística yanqui.

Medio año después de la desaconsejada guerra en Irán, EE.UU. ha de plegarse ante su principal adversario y aliado de Teherán, para salir de su propia trampa. Y en el Kremlin, el otro socio del chino, aguarda expectante antes de actuar.

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