Los exabruptos de Milei lo retratan, pero Feijóo no se queda atrás cuando copia la vía arrabalera del argentino. Un Milei agamberrado dio la nota en esta campaña llena de chifladuras, a la que se suma el feijoísmo, toda una atracción en cada declaración o mitin. Pero fue entrevistar Broncano a Sánchez y el 29N quedó sumido entre dos revueltas, la de los jóvenes y la de La 1.
Jungianamente, viajar a Madrid es para Milei psicoanalizarse, llamar a Sánchez “impresentable dictador”, por pura proyección de sí mismo, con Argentina por los suelos desde que pisó la Casa Rosada y los consiguientes casos de corrupción.
Feijóo elogió en la SER la gestión del libertario como buen profano en política internacional, y se hizo el harakiri en Hoy por hoy con Aimar Bretos desoyendo en asuntos sensibles aquel ruego encarecido de sus mentores mediáticos de no decir la verdad hasta después de las elecciones. No tenía necesidad, pero desveló que piensa cargarse el Ministerio de Igualdad y cambiar la ley del aborto.
Cuando Sánchez le afeó la conducta, el gallego lo acusó de haber hecho su “carrera política con el dinero de la prostitución” (sic). Una fábula de Villarejo por encargo del Gobierno de Rajoy sobre las saunas del suegro de Sánchez, declaradas legales, que Feijóo, resentido por la foto fulminante con el narco, suele agitar encanallado como si se inyectara a Milei en vena.
El argentino, que se compenetra con sus perros como Calígula con su caballo, vino a Madrid a ladrar y se fue con el rabo entre las piernas. Quedó Feijóo con el feijoísmo frente al sanchismo, siguiéndole la estela en horas taciturnas. En su atolondrado striptease radiofónico del viernes se le notaba picado por la abrumadora audiencia de Sánchez con Broncano, la víspera, en La Revuelta, cuyo récord en campaña (33,9% de share) hizo lamentar a Ana Rosa Quintana en Mediaset: “Si es así, va a ganar.”
Acaso por eso, Feijóo dijo que formaría gobierno con Abascal, aunque no fuera la lista más votada. No derribaba su mantra porque sí, sino por si no… Y se cobró dando malas noticias, como con despecho, sobre las mujeres o el salario mínimo y la eutanasia. “Si este tío sigue hablando, sacamos mayoría absoluta”, celebró Rufián. ¿Pero quiere devolvernos “a las cavernas?”, se preguntó Mónica García.
Espectáculo fue ver a la derecha y la ultraderecha saliendo a espetaperros nada más llegar Milei a Barajas. El histriónico y tardío abrazo con Ayuso y la hiriente videollamada con Abascal: “¿No me querés ver?” Argentina encarna el mejor repertorio de recortes del feijoísmo que España no debe saber. Es un país que va de culo con el que tanto disfruta “pateando culos de zurdos” y que sugiere “sacar a patadas a los socialistas”. Felipe González se tiró de los pelos como Ana Rosa: “Si nos visita quince veces, gana Sánchez”. Y Ayuso lo invitó a la Cumbre Iberoamericana de noviembre, porque ella no teme lo que teme González.
No obstante, la campaña no la enfanga solo el argentino deslenguado, discípulo del catedrático español de Economía Huerta de Soto, de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (un esperpéntico profesor millonario que rompe billetes de diez euros cuando se le cruzan los cables en mitad de las clases). El feijoísmo alienta el juego sucio en la cuenta del partido con rostros socialistas generados por IA: “¿Irse de putas? Sí, soy zurdo”.
Ese Feijóo faltón con trazas de Milei es también infantiloide como Trump soltando dislates con una tristura extraña cuando divaga sobre la coartada del okupa que pide una pizza para que no lo echen en años, según él. O cuando compara las piraguas del Guadalquivir con el problema de la vivienda, sin pies ni cabeza: “Manejar una piragua es muy difícil, si no estás perfectamente equilibrado vas a volcar”. ¿Entonces, estamos en Babia? Cómo saldrá ese cara a cara televisivo…
Los jóvenes, nacidos entre 1997 y 2012, la generación Z, o generación Gaza, que han vivido la pandemia y el genocidio, viven endeudados para pagarse los estudios y han tomado las calles. Cuando votemos seguirán ahí. Habrá huelgas generales. El fenómeno Maricarmen coincide con esta primavera juvenil en Francia, Italia, Portugal, Grecia, Países Bajos, Serbia, Albania…En Europa hay acampadas como en la Puerta del Sol.
Arden París y Milán. Macron culpa a Trump de inventarse con IA una invasión de hordas islamistas en Francia. Y Meloni, que traicionó a España en la UE a raíz de la crisis de Ceuta, ahora atribuye a los rusos un ataque híbrido como el salto fronterizo marroquí. Donde las dan, las toman, Meloni.
La derecha/ultraderecha ve declinar sus mitos, la antiinmigración y la prioridad nacional, por la vivienda, las pensiones, las contingencias sociales… No es su mejor caldo de cultivo. Lo que suceda en las urnas hoy en Brasil y después en Israel y EE.UU. nos influirá. Por eso el feijoísmo pasa página, como en la amnistía, y se pone la venda antes de la herida: ya no hay que ser la lista más votada para gobernar. Eso era antes. Antes de La Revuelta.
