Por primera vez en años utilicé una choferesa para trasladarme a Santa Cruz, el otro día. Acostumbrado a conducir yo mi coche y a estar pendiente de la carretera, hacía tiempo que no me fijaba en las pintadas, las casas abandonadas y el horror estético que supone, por ejemplo, la entrada a Santa Cruz por la TF-5. Hasta que no llegas a Meridiano, el barrio que se encuentra antes, a la derecha, creo que se llama de Buenos Aires, es un horror y las barriadas en torno a la de García Escámez están muy deterioradas. Qué decir de los jardines, abandonados, sin regar, con árboles abatidos por los temporales antiguos y la suciedad. Se lo comenté a mi amable y joven conductora y me dijo: “Y usted no ha visto nada, yo estoy por ahí todo el día y podría contarle muchas cosas”. La isla no está bien, no está limpia y municipios y Cabildo han hecho dejación de sus funciones. Me doy cuenta cuando he podido salir y mirar libremente para todos lados. Es realmente una pena. Y nos venden que se ocupan de los problemas de la isla. Y una mierda. Si queremos vivir del turismo y disfrutar de la frondosidad de nuestra tierra deberían aplicarse más nuestros políticos en el cuidado del entorno urbano. Y los ciudadanos también. Si todas las promesas electorales son como las de Rosa Dávila, la presidenta del Cabildo, que iba a arreglar el problema del tráfico en tres meses, guárdame un cachorro. No ha hecho absolutamente nada. ¿Han visto ustedes cómo están las carreteras secundarias, llenas de baches, con las señales tapadas por la vegetación, con las cunetas llenas de maleza y de colillas? Hombre, yo sé que hay ciudadanos muy cochinos, que no dudan en usar los parterres y los bordes de las carreteras como ceniceros, pero a falta de educación ciudadana, que el Cabildo y los ayuntamientos actúen. Hasta que volvamos a ser normales.
