Visitar Taittinger, una de las mejores ‘maisons’ del champagne del mundo, en una experiencia que cualquier amante de las burbujas debería vivir en algún momento de su vida. Ubicada en la ciudad francesa de Reims, esa zona geográfica marcada por catedrales góticas, abadías y cargada de historia – no en vano allí, en Notre Dame, se celebró la consagración de 33 reyes en poco más de mil años, el último en 1825- se encuentran los viñedos que dan fama al champagne esa bebida de la que Winston Churchill dijo que “en la victoria la merecemos y en la derrota la necesitamos”.
Al frente de esa maison, que posee el segundo viñedo más grande de Champagne con 288 hectáreas, se encuentra la presidenta Vitalie Taittinger, artista de formación y graduada en la escuela Émile Cohl, que ha situado el arte en el centro de la identidad de Taittinger. Ella, que es la cuarta generación familiar, es la primera mujer en liderar esta casa fundada en 1734 sucediendo a su padre, Pierre-Emmanuel, y conservando la firma familiar e independiente en la gestión de la empresa.
Junto a ella figura su hermano Clovis, quien ha tomado las riendas de las operaciones internacionales, un reto crucial dado que el 75% de las ventas se generan actualmente en el extranjero. Clovis, que en varias ocasiones ha visitado Tenerife, dando muestra de su bonhomía y campechanía, trabaja en todo el mundo para fortalecer los mercados existentes, abrir otros nuevos y consolidar el estilo inconfundible de Taittinger a nivel internacional.
Uno de los pasos que ha dado Vitalie ha sido la reconversión del centro de visitas en su sede de Saint-Nicaise, donde se encuentran unas impresionantes bodegas galo-romanas del siglo IV, que se pueden recorrer gracias a los guías de Tatittinger. Aquí envejecen más de 1.000.000 botellas de una producción media de 100.000 botellas anuales, durante unos 10 años de crianza, en un silencio sepulcral y en unos túneles de unos 4 km. de recorrido.
Bajo las calles de Reims, las bodegas galorromanas de tiza de Saint-Nicaise revelan un lugar único, excavado a 18 metros de profundidad y que antaño fue refugio de los primeros cristianos y posteriormente de los primeros colonos durante la primera guerra mundial. Hoy albergan las cuvées más preciadas de la casa.
En esta bodega reposan las cuvée Comtes de Champagne durante casi diez años antes de alcanzar su equilibrio perfecto en las mejores condiciones de temperatura constante, oscuridad y humedad natural.
No en vano este espacio ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO como “laderas, casas y bodegas de Champagne”.
Las viñas se cultivan en las 288 hectáreas de viñedos de la casa de champán para garantizar una producción sostenible, de alta calidad y responsable. El ritmo de trabajo lo marca la naturaleza. Las varietales chardonay, pinot noir y meunier evolucionan con el paso de las estaciones y ofrecen una gama de matices que nutren el arte de la mezcla y otorgan a cada cuvée su carácter.
Polychrome, el menú diseñado para disfrutar de los espumosos
Tras la visita a las bodegas grecorromanas hay que detenerse en el reformado restaurante, con amplios ventanales con vistas a los jardines, para disfrutar del menú Polychrome, donde se aprecia la mano artística de Vitalie Taittinger. De entrada hay un gazpacho de coliflor, tartaleta de puerro y anchoas, bisqué de apionabo y cangrejo y terrina de zanahoria y miso.
En el siguiente pase habia varias alternativas y escogimos la pintada preparada con alcachofa y cúrcuma. Luego diferentes quesos (cabra, comté, vaca, leche cruda de vaca, mezcla de cabra pirenaica y oveja marina). El remate fue una Isla Flotante, un postre de origen francés consistente en merengue flotando en crema inglesa.
La propuesta enológica de este estupendo menú comienza con un Comtes de Champagne, grand crus, blanc de blanc, 2014, un vino único y elegante, a los que siguieron un Brut Millésimé 2018, un Nocturne y un demi-sec.
No hay mejor manera de terminar la visita a esta maison que con este festival gastronómico.





