Para los arqueólogos esto es un pozo de lodo prehistórico excepcionalmente bien conservado podría albergar las huellas humanas más antiguas jamás encontradas en la Península Arábiga, según un nuevo estudio publicado por un equipo internacional de arqueólogos. Las siete huellas, descubiertas entre cientos de rastros de animales extintos, tienen una antigüedad estimada de 115.000 años y se preservaron en condiciones tan singulares que hoy ofrecen una ventana única a la vida en el desierto de Nefud, en el actual norte de Arabia Saudita.
El hallazgo fue realizado en 2017 en un antiguo lecho lacustre conocido localmente como Alathar, palabra árabe que significa “la huella”. Según los arqueólogos responsables del proyecto, la erosión del terreno y la acción del viento eliminaron los sedimentos que habían cubierto el lugar durante milenios, revelando de forma fortuita las marcas dejadas por humanos y animales en un ambiente que alguna vez fue fértil y húmedo.
El lodo que detuvo el tiempo
Los investigadores describen el yacimiento como un escenario de lodo húmedo, formado en las orillas de un lago poco profundo que existía en medio de lo que hoy es un árido desierto. Las condiciones climáticas de aquel periodo, conocido como interglacial, permitieron que la región tuviera vegetación, agua y una fauna abundante. En ese entorno, grupos de humanos primitivos cruzaron el lago dejando sus huellas, que quedaron atrapadas y selladas bajo el barro.
Los arqueólogos explican que este tipo de conservación es extremadamente raro. En la mayoría de los casos, las huellas se erosionan o se deforman en cuestión de días. Un estudio experimental sobre huellas humanas modernas en marismas mostró que los detalles finos desaparecen en apenas 48 horas y se vuelven irreconocibles en cuatro días. Por eso, el hecho de que las huellas de Alathar se hayan preservado con tanta nitidez durante más de 100.000 años se considera un fenómeno excepcional.

Estas condiciones únicas actuaron como una cápsula del tiempo. El barro del lago, con una composición mineral específica y una humedad constante, permitió que las marcas conservaran su forma tridimensional. Los científicos comparan este proceso con otros ejemplos famosos de conservación por lodo, como los fósiles del Burgess Shale o el nodosaurio acorazado hallado en Canadá, que se mantuvo intacto tras quedar sepultado bajo sedimentos marinos.
Los arqueólogos buscan quiénes dejaron las huellas
El equipo de arqueólogos identificó con confianza siete huellas humanas, además de rastros de elefantes, camellos, búfalos y otros grandes mamíferos. A partir del tamaño y la forma de las pisadas, determinaron que pertenecían a individuos del género Homo sapiens, los mismos que ya habían alcanzado el Levante y la Península Arábiga entre 130.000 y 80.000 años atrás.
En ese periodo no existen registros de presencia de Homo neanderthalensis en la región, lo que refuerza la hipótesis de que fueron humanos anatómicamente modernos quienes caminaron por las orillas de aquel lago. Los arqueólogos destacan que la talla y proporciones de las huellas coinciden con las de los primeros sapiens y difieren claramente de las huellas neandertales conocidas en Europa.
Curiosamente, no se hallaron herramientas, restos de hogueras ni marcas de caza en los huesos animales. Esto indica que el lago no fue un asentamiento, sino más bien un punto de paso ocasional. Los científicos sugieren que los humanos visitaron el lugar brevemente para abastecerse de agua en medio de un clima árido y en transición hacia una nueva era glacial.
Una autopista prehistórica
El lago Alathar probablemente formaba parte de un corredor ecológico que conectaba distintos oasis de la península. Los animales migraban siguiendo las lluvias y el agua dulce, y los humanos los acompañaban en sus desplazamientos. Estas rutas naturales funcionaban como auténticas autopistas prehistóricas, donde distintas especies coincidían temporalmente.
El análisis geológico muestra que las huellas humanas no fueron pisadas por otros grupos ni borradas por animales posteriores, lo que sugiere que se produjeron durante una breve ventana temporal antes de que el lago se secara por completo. Luego, una nueva capa de sedimento cubrió el área, sellando el testimonio de aquel paso efímero.
Para los arqueólogos, el descubrimiento de Alathar no solo confirma la presencia temprana del ser humano en Arabia, sino que también reconfigura la narrativa de las migraciones fuera de África. La región habría actuado como un puente entre continentes, permitiendo que los grupos humanos exploraran nuevas tierras mucho antes de lo que se creía.
Los investigadores concluyen que estas huellas son una de las pruebas más directas del movimiento de nuestros antepasados por paisajes hoy irreconocibles. Cada pisada preservada en el barro es una firma silenciosa de una humanidad que ya empezaba a conquistar el planeta.