La isla de Tenerife y toda Canarias ha experimentado un notable incremento en la actividad sísmica bajo el Parque Nacional del Teide durante los primeros seis meses de 2025. Según los datos del Instituto Geográfico Nacional (IGN), se han contabilizado un total de 862 terremotos, la mayoría de ellos localizados en la corteza superficial y a profundidades de entre 6 y 13 kilómetros. Aunque estos movimientos no han sido percibidos por la población, han llamado la atención de la comunidad científica.
Esta actividad sísmica en Canarias se enmarca dentro del fenómeno conocido como «enjambres sísmicos», frecuentes en zonas volcánicas activas como Tenerife. Según los vulcanólogos del IGN, este tipo de eventos no indican por sí mismos una erupción inminente, pero sí forman parte del proceso normal de un sistema volcánico activo que permanece en constante vigilancia.
Desde 2016, el número de terremotos detectados en la isla ha ido en aumento, lo que ha llevado al IGN a reforzar su red de vigilancia y aumentar la precisión de los registros en Tenerife. En este primer semestre del año se han superado los valores registrados en ejercicios anteriores, lo que genera un escenario que si bien no es alarmante, sí requiere seguimiento continuo.
El Teide, el pico más alto de España y uno de los volcanes más vigilados de Europa, sigue bajo la atenta mirada de científicos e instituciones. De los 862 terremotos registrados, muchos se han concentrado en la parte suroeste de la isla de Tenerife, especialmente entre Vilaflor, Guía de Isora y Santiago del Teide, lo que coincide con zonas donde históricamente se han producido intrusiones magmáticas.
No obstante, los expertos en Tenerife insisten en que no hay evidencia clara de movimiento magmático hacia la superficie, ni deformaciones significativas en el terreno que indiquen una reactivación inmediata del volcán. La mayoría de estos eventos tienen magnitudes inferiores a 2,0 en la escala de Richter y, por tanto, no son perceptibles por la población.
La directora del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), Carmen López, ha señalado que estos sismos forman parte del “pulso normal” de una isla volcánica.
“Tenerife no es un volcán dormido, sino uno activo con ciclos muy largos de erupción. Lo que vemos ahora es una manifestación de su dinámica interna, pero no hay indicios de un proceso eruptivo a corto plazo”, ha afirmado.
El Gobierno de Canarias mantiene su nivel de vigilancia en verde, lo que significa que no existe riesgo para la población ni es necesario tomar medidas preventivas. Sin embargo, se sigue reforzando la comunicación institucional y científica para evitar alarmismos y, al mismo tiempo, mantener informada a la ciudadanía.
Cabe recordar que la última erupción volcánica en Tenerife tuvo lugar en 1909, en el volcán Chinyero, y que desde entonces no se han producido episodios eruptivos en la isla. Aun así, el caso reciente de La Palma ha servido como recordatorio de la importancia de contar con protocolos de actuación claros y una ciudadanía informada.
Los especialistas en Tenerife y Canarias recalcan que, si bien la cifra de terremotos es elevada, estos fenómenos son habituales en sistemas volcánicos activos y reflejan la circulación de fluidos, pequeños ajustes tectónicos o fricciones internas. No se trata de un fenómeno nuevo, sino de un patrón que ya se ha observado en otras etapas recientes.