El sapo con ojos en la boca que dejó a los científicos sin respuesta: «parece de otro planeta»
El fotógrafo Scott Gardner capturó en Ontario, Canadá, la imagen de un sapo americano con una macromutación que desplazó sus ojos al paladar. La fotografía recorrió el mundo y sigue generando debate décadas después.
Los científicos quedaron desconcertados en 1992 cuando el fotógrafo canadiense Scott Gardner publicó la imagen de un sapo al que le faltaban las cuencas oculares y cuyos ojos crecían, en su lugar, desde el paladar. El hallazgo se produjo en el condado de Burlington, Ontario, y la fotografía no tardó en recorrer Canadá y Estados Unidos, arrastrando con ella una pregunta que la comunidad científica tardó tiempo en responder: ¿cómo era posible algo así?
Una parte de él creyó que se trataba de una broma. Sin embargo, acudió al patio trasero de la familia donde había aparecido el animal y se encontró ante algo que muy poca gente había presenciado hasta entonces. El sapo carecía por completo de órbitas oculares externas; sus ojos se encontraban justo debajo del paladar, funcionales pero ubicados en el lugar más inesperado. Gardner fotografió al anfibio y la imagen fue publicada en el periódico. Lo que vino después superó cualquier previsión.
La fotografía que desconcertó a los científicos y dio la vuelta al mundo
La imagen se extendió con rapidez por todo el continente norteamericano y acabó colándose en obras de referencia científica, como Climbing Mount Improbable, del biólogo evolutivo Richard Dawkins. Los científicos que la vieron por primera vez no daban crédito. Décadas después, la fotografía sigue reapareciendo en redes sociales, donde no faltan quienes cuestionan su autenticidad. Sin embargo, el caso fue verificado y documentado, y los científicos confirmaron que no había truco alguno detrás del objetivo.
El anfibio protagonista de la imagen es un sapo americano, cuyo nombre científico actualizado es Anaxyrus americanus, anteriormente clasificado como Bufo americanus. Un ejemplar sano de esta especie presenta ojos normales orientados hacia el exterior. Lo que Gardner fotografió en Burlington era, por tanto, una excepción de enorme rareza dentro de su propia especie.
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Vale la pena aclarar que algunas personas identifican al animal de la imagen como una rana, pero en realidad es un sapo. Ranas y sapos pertenecen al mismo orden biológico; las diferencias entre ambos incluyen la longitud de las patas, la textura de la piel, el hábitat y las vocalizaciones. En términos taxonómicos, todos los sapos son ranas, pero no todas las ranas son sapos.
Qué es una macromutación y por qué los científicos apuntan a los trematodos
Los científicos denominan macromutación a una alteración genética de gran escala que modifica de forma significativa la estructura física de un organismo. En el caso de los anfibios, este tipo de anomalías se observa con mayor frecuencia en las extremidades, que pueden aparecer ausentes o malformadas. En el sapo fotografiado por Gardner, la macromutación provocó algo distinto y más llamativo: la ausencia de las órbitas oculares convencionales y el crecimiento de los ojos desde el paladar.
Los científicos no tienen aún una certeza absoluta sobre el origen de estas macromutaciones en ranas y sapos.
Lo que más sorprendió a los científicos, más allá de la imagen en sí, fue constatar que este tipo de mutación no es un caso absolutamente único en la historia de los anfibios. Aunque no existe un porcentaje estadístico promedio disponible, porque los casos se rastrean y documentan de forma individual, el fenómeno se ha observado en más de una ocasión en distintos ejemplares. La anomalía se registra en la literatura científica como un suceso extraordinariamente raro pero real, sin que haya constancia de que responda a un patrón geográfico o estacional concreto.
En cuanto a las consecuencias para el animal, los científicos señalan que un sapo con los ojos en el paladar puede llevar una vida funcional. Los ojos siguen siendo operativos; simplemente se encuentran en una posición anatómica atípica. La principal consecuencia práctica es que el anfibio necesita mantener la boca abierta para poder ver, lo que condiciona su comportamiento cotidiano. La especie Anaxyrus americanus, en condiciones normales, utiliza una larga lengua pegajosa para capturar insectos y otros invertebrados pequeños. Una alteración tan profunda en la anatomía craneal plantea preguntas razonables sobre la capacidad de caza y la detección de depredadores, aunque la fuente del hallazgo no documenta el tiempo de supervivencia concreto del ejemplar fotografiado por Gardner.
La historia del sapo de Burlington sigue siendo uno de los casos más citados cuando se habla de macromutaciones en anfibios. El hecho de que una fotografía de prensa tomada en el patio trasero de una familia de Ontario acabara en libros de biología evolutiva y en exposiciones científicas internacionales dice mucho del valor documental que los científicos otorgaron a aquel disparo de Gardner. La imagen, tomada con la urgencia de quien responde a una llamada de radio sin saber bien qué va a encontrar, terminó por convertirse en una referencia dentro de la literatura sobre anomalías del desarrollo en vertebrados.