Los cangrejos ciegos y albinos que solo existen en un charco de Canarias y en ningún otro lugar
Viven a menos de un metro de profundidad y sus parientes están a kilómetros bajo el mar en Canarias
En una laguna de agua transparente den Canarias, dentro de un tubo volcánico del norte de Lanzarote, vive un animal que no existe en ningún otro punto del planeta. Es blanco, mide poco más que una uña y no tiene ojos funcionales. Se llama Munidopsis polymorpha, aunque en la isla todo el mundo lo conoce por un nombre mucho más bonito: jameíto.
Quien haya visitado los Jameos del Agua probablemente los haya visto sin saber muy bien qué estaba mirando. Cientos de puntitos blancos moviéndose despacio sobre la roca oscura del fondo. Esa imagen, tan discreta que muchos visitantes pasan de largo, es uno de los fenómenos biológicos más singulares de Canarias.
Un cangrejo abisal que se quedó atrapado en Lanzarote, Canarias
La historia empieza con una erupción en Canarias. El Volcán de la Corona, en el norte de la isla, generó un enorme tubo volcánico que se extiende bajo tierra y llega hasta el mar, formando una red de cuevas conectadas con el océano. Ese sistema es lo que los científicos llaman un medio anquialino: agua marina que se filtra a través de la roca hasta una laguna interior sin conexión superficial directa con el mar.
La hipótesis más aceptada sobre el origen del jameíto es que, al formarse esos tubos, una población de crustáceos quedó aislada allí dentro. Y aquí está el dato que más asombra: sus parientes más cercanos, especies del mismo género repartidas por todo el archipiélago, viven a gran profundidad, en el ambiente abisal. El jameíto, en cambio, se pasea por una laguna de escasa profundidad a la que cualquiera puede asomarse.
Es, literalmente, un animal de las profundidades marinas al que se puede mirar de cerca sin mojarse los pies. Y eso ocurre en un solo lugar del mundo, en Lanzarote.
Su aspecto es consecuencia directa de ese encierro en Canarias. En la oscuridad total, la vista no aporta ninguna ventaja evolutiva y los ojos se atrofian. La pigmentación tampoco sirve de nada sin luz solar, así que la perdió por completo hasta volverse albino, de un blanco perlado casi traslúcido. A cambio desarrolló otros sentidos: se orienta mediante las antenas y es extraordinariamente sensible a las vibraciones y al sonido.
Su tamaño completa el retrato. El caparazón no alcanza el centímetro y el animal entero rara vez supera los dos o tres centímetros. Presenta dos espinas a cada lado del rostro y unas pinzas ligeramente aplanadas, más largas en los machos que en las hembras. Se alimenta sobre todo de algas microscópicas y de la materia orgánica que llega hasta la laguna.
La palabra jameo procede de la lengua de los antiguos habitantes de las islas y designa la oquedad que queda cuando se desploma el techo de una cueva volcánica. El animal lleva, por tanto, un nombre aborigen que describe exactamente el único sitio donde puede vivir.
Por qué una moneda puede matarlo y qué protege al jameíto en Canarias
Aquí llega la parte que conviene saber antes de visitar el lugar. En los Jameos del Agua está completamente prohibido arrojar monedas a la laguna, y no es una norma estética ni una manía de los vigilantes. Los metales que se desprenden por la corrosión resultan altamente peligrosos para estos crustáceos y pueden causarles la muerte.
La costumbre de lanzar una moneda para pedir un deseo es tan automática en cualquier fuente que muchos visitantes lo hacen sin pensar. En este caso concreto, ese gesto envenena literalmente el hábitat de una especie que no tiene ningún otro sitio adonde ir.
No es la única amenaza. El agua de la laguna de esta isla de Canarias procede del mar y en ocasiones llega contaminada por aguas residuales, lo que afecta directamente a su salud. A ello se suman la luz artificial y el ruido, dos factores especialmente lesivos para un animal que ha evolucionado durante milenios en oscuridad y silencio absolutos. Los jameítos perciben cualquier alteración de su entorno con una sensibilidad extrema.
Su condición de especie única y su hábitat reducidísimo lo sitúan en una posición muy delicada, y por eso figura en los catálogos de fauna amenazada. También ha recibido un reconocimiento simbólico de primer nivel: una ley del Gobierno de Canarias lo declaró símbolo natural de la isla de Lanzarote, junto a la tabaiba dulce.
Aunque su población principal está en los Jameos, se han localizado ejemplares en menor cantidad en otros puntos del mismo sistema volcánico, como Los Charcos de Luis, en Órzola, donde el agua del mar también se filtra a través de la roca y genera condiciones parecidas.
El conjunto tiene además una dimensión cultural. Los Jameos del Agua fueron acondicionados por César Manrique respetando la formación volcánica original, en lo que se considera una de sus intervenciones más reconocidas. Es decir, el visitante entra en una obra de arquitectura sobre un tubo volcánico de miles de años que alberga, en su interior, a un animal que no existe en ningún otro lugar del mundo como en Canarias.
Por eso la recomendación de quienes trabajan en la conservación es tan simple como firme: mirar, fotografiar sin flash, guardar silencio y, sobre todo, dejar las monedas en el bolsillo. La supervivencia de la especie más singular de Lanzarote depende de gestos así de pequeños.