Según los científicos, a la sombra de la imponente Pirámide de Keops y de la casi igual de majestuosa Pirámide de Kefrén, se alza la Pirámide de Micerinos, la más pequeña de las tres grandes construcciones de la meseta de Giza, pero no por ello menos fascinante. Este monumento funerario del Antiguo Reino egipcio, levantado hace más de 4.000 años, continúa siendo objeto de estudio y sorpresa para la arqueología moderna.
La Pirámide de Micerinos, atribuida al faraón Menkaure, ha resistido durante milenios la erosión del desierto, los saqueos y hasta un intento de destrucción ordenado en el siglo XII por el sultán Al-Aziz Uthman. Aquel intento fallido dejó una visible cicatriz en su cara norte, una herida de piedra que, lejos de borrar su historia, ha permitido a los investigadores conocer mejor su estructura interna.
Sin embargo, esa grieta no es la única singularidad del monumento según el estudio publicado. A diferencia de otras pirámides, la fachada oriental de Micerinos estaba originalmente revestida con losas de granito pulido, un material más costoso y complejo de trabajar que la caliza. Durante décadas, los expertos se preguntaron por qué este revestimiento se concentraba en esa zona concreta y qué podría ocultar tras de sí según científicos.
Un estudio de científicos detecta grandes vacíos ocultos bajo el granito
La respuesta comenzó a tomar forma gracias a un equipo de investigadores y científicos de la Universidad de El Cairo y la Universidad Técnica de Múnich, en el marco del proyecto internacional ScanPyramids. Este mismo proyecto ya había acaparado titulares en el pasado tras descubrir un corredor oculto en la Gran Pirámide, demostrando el enorme potencial de las técnicas modernas aplicadas a la arqueología.
En esta ocasión, los científicos centraron su atención en la cara oriental de la Pirámide de Micerinos. Bajo las losas de granito, detectaron dos grandes vacíos llenos de aire, cuya existencia ya había sido planteada de forma teórica en 2019 por el investigador Stijn van den Hoven. Lo relevante es que estas cavidades son considerablemente mayores que los pequeños huecos de relleno conocidos hasta ahora en la estructura del monumento.
Para llegar a esta conclusión, el equipo de científicos empleó tres técnicas no destructivas, evitando cualquier daño a la pirámide. La primera fue la tomografía de resistividad eléctrica, un método que permite detectar anomalías internas midiendo cómo circula la corriente eléctrica a través de la piedra. Este sistema es capaz de identificar espacios vacíos sin necesidad de excavaciones invasivas. La segunda técnica utilizada fue el radar de penetración terrestre, que envía pulsos electromagnéticos al interior del muro. Al analizar el tiempo que tardan esas señales en regresar y su intensidad, los investigadores pueden estimar la profundidad, forma y tamaño de lo que se encuentra oculto tras la fachada.
Por último, se recurrió a pruebas ultrasónicas, enviando ondas sonoras a través de la piedra y comparando los ecos recibidos. Este método permite distinguir con precisión el límite entre los bloques de caliza y el aire de un posible espacio interno. Los resultados fueron claros: no se trata de simples huecos de construcción. En el mayor de los vacíos detectados podría caber una persona, un dato que refuerza la hipótesis de que podría existir una entrada secundaria o pasaje oculto que habría pasado desapercibido incluso para los antiguos saqueadores.
Eso sí, los propios investigadores en Egipto advierten de cautela. Las limitaciones técnicas impiden, por ahora, determinar con exactitud hasta dónde se extienden estas anomalías hacia el interior de la pirámide. Será necesario realizar nuevos estudios para confirmar su profundidad real y su posible conexión con cámaras funerarias u otros espacios aún desconocidos.
El hallazgo de los científicos también vuelve a poner sobre la mesa una vieja incógnita: ¿por qué Micerinos construyó una pirámide más pequeña? Una antigua leyenda cuenta que el faraón soñó con los dioses, quienes le anunciaron que su vida sería breve. De ser cierto, el tiempo limitado habría condicionado la escala de su proyecto funerario, obligándolo a priorizar otros elementos simbólicos o estructurales.
Más allá de mitos y tradiciones de los científicos, lo cierto es que la Pirámide de Micerinos sigue demostrando que aún guarda secretos. Bajo sus muros erosionados, la ciencia moderna continúa descubriendo pistas que podrían cambiar nuestra comprensión de las técnicas constructivas y los rituales funerarios del Antiguo Egipto. Cuatro milenios después de su construcción, este monumento vuelve a recordarnos que, incluso en uno de los lugares más estudiados del planeta, la historia todavía tiene mucho que revelar.