El hallazgo de túneles colosales por geólogos en América del Sur ha sacudido los cimientos de la geología y la paleontología modernas. Un equipo de geólogos liderado por Heinrich Frank, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, ha documentado más de 1.500 estructuras conocidas como paleomadrigueras, excavadas por animales prehistóricos de proporciones gigantescas.
El descubrimiento inicial se produjo en 2010, cuando Frank, durante un recorrido por la localidad de Novo Hamburgo en Brasil, reparó en una cueva que no se parecía a ninguna formación geológica natural. Lo que parecía una simple cavidad terminó revelándose como un túnel de 20 metros con paredes marcadas por profundos arañazos. Desde entonces, los geólogos han multiplicado sus hallazgos, confirmando que estos túneles fueron construidos por especies extintas como perezosos terrestres gigantes o armadillos prehistóricos.
Geólogos y la incógnita de las paleomadrigueras
Los túneles, con secciones circulares u ovaladas y longitudes que en algunos casos superan los 70 metros, no tienen explicación geológica conocida.
“No existe ningún proceso natural capaz de generar estructuras de este tipo, con ramificaciones, inclinaciones y marcas de garras en las paredes”, explicó Frank en una entrevista recogida por la revista Discover.
En 2015, otro geólogo, Amilcar Adamy, descubrió en Rondonia la primera paleomadriguera de la Amazonia: un túnel de 600 metros, considerado hasta la fecha el sistema más extenso de este tipo. Para los geólogos, este hallazgo confirmó que los animales prehistóricos excavadores podían crear redes de galerías de dimensiones mucho mayores de lo que su biología estrictamente necesitaba para refugio.
Las paleomadrigueras plantean interrogantes sobre la fauna extinta que las construyó. Según los estudios, los responsables habrían sido perezosos terrestres gigantes de la familia Megatheriidae, algunos de los cuales alcanzaban varias toneladas de peso, o armadillos prehistóricos de gran tamaño.

Los geólogos recuerdan que existen evidencias de interacción entre estos animales y los humanos. Un estudio publicado en Science Advances documentó huellas de perezosos y humanos en Utah, lo que sugiere que estas especies fueron cazadas hasta su extinción. Esta presión antrópica, junto con los cambios climáticos, habría contribuido a la desaparición de los grandes excavadores hace miles de años.
Geólogos en busca de patrones
Pese al gran número de paleomadrigueras documentadas en el sur de Brasil, su distribución resulta enigmática. Son escasas en países vecinos como Uruguay y prácticamente inexistentes en otras zonas de Sudamérica. Para los geólogos, esta irregularidad plantea preguntas fundamentales: ¿qué factores ambientales propiciaron la proliferación de estas estructuras en Brasil y no en otros lugares?
Frank admite que aún queda mucho por aprender: “Necesitamos descifrar los patrones. Estamos empezando a comprender esto mejor y, a partir de ahí, podremos inferir qué animales excavaban cada tipo de túnel”.
El tamaño descomunal de las paleomadrigueras plantea otro dilema. Aunque sirvieran de refugio, las dimensiones de muchas de estas estructuras parecen excesivas para albergar a un único animal. Algunos geólogos sugieren que podrían haber sido utilizados por generaciones sucesivas, lo que explicaría la expansión continua de los túneles.

Además, la presencia de marcas de garras bien definidas en paredes y techos confirma que fueron producto de un trabajo constante y prolongado. Cada túnel es, en esencia, un registro fósil de comportamiento animal, lo que abre nuevas perspectivas para la paleontología del continente.
El hallazgo de paleomadrigueras no solo aporta datos sobre animales extintos, sino que también ayuda a los geólogos a reinterpretar el pasado geológico de la región. Estos túneles, ocultos bajo sedimentos y colinas, han sobrevivido miles de años, convirtiéndose en cápsulas del tiempo de la megafauna sudamericana.
Para los especialistas, cada nueva madriguera encontrada representa una oportunidad única para reconstruir la vida en un continente donde gigantes como el Megatherium caminaron junto a los primeros humanos.