El mamífero más longevo del planeta llevaba un arpón del siglo XIX clavado desde hacía 115 años
En 2007, cazadores inuit en Alaska hallaron fragmentos de una lanza explosiva incrustados en una ballena boreal viva. La datación del arma situó la edad del animal en unos 115 años, reforzando la tesis de que esta especie puede superar los 200 años de vida.
El mamífero más longevo del mundo cargaba en su interior, sin que nadie lo supiera, una prueba material de su propia historia. La datación del arma permitió a los investigadores estimar que aquel animal tenía alrededor de 115 años en el momento de su muerte, y posiblemente más.
El hallazgo no fue inmediato. Fue durante el proceso de despiece de la ballena cuando un biólogo reparó en los fragmentos metálicos incrustados en el tejido del animal. Los restos fueron enviados a John Bockstoce, historiador del Museo Ballenero de New Bedford, quien los identificó como pertenecientes a una lanza explosiva, un tipo de arpón muy utilizado en aquella ciudad estadounidense cuando era la capital mundial de la industria ballenera a finales del siglo XIX.
El dispositivo correspondía a un modelo patentado cuyo uso se documentó entre 1885 y 1895. Esa franja temporal fue la que permitió a Bockstoce y sus colegas calcular la edad aproximada del mamífero. Si el animal había sobrevivido al impacto del arpón a finales del siglo XIX, su longevidad al morir en 2007 resultaba, cuando menos, excepcional. La ballena había esquivado la muerte durante más de un siglo con el fragmento del arma alojado en su cuerpo.
Por qué la ballena boreal es el mamífero más longevo del planeta
El descubrimiento del arpón no fue una anécdota aislada. Constituyó una evidencia física que vino a sumarse al creciente conjunto de pruebas científicas sobre la longevidad extraordinaria de esta especie.
Las estimaciones científicas más recientes apuntan a que la ballena boreal puede superar los 200 años de vida, lo que la convierte en el mamífero de mayor longevidad conocido en el planeta. No obstante, este privilegio tiene un precio biológico peculiar: según el investigador Ariel Zeleznikow-Johnston, la misma característica genética que permite a las células recuperarse antes de duplicarse puede repercutir negativamente en la fertilidad de estos animales.
Cómo se determina la edad de un mamífero marino sin arpones históricos
El hallazgo del arpón centenario resultó ser una herramienta de datación tan inusual como eficaz, pero los científicos disponen de métodos más sistemáticos para calcular la edad de este mamífero. El principal recurso es el análisis del cristalino del ojo, que contiene un aminoácido llamado ácido aspártico. Esta molécula puede presentarse en dos variantes especulares: una forma levógira y una forma dextrógira.

Las crías de ballena boreal nacen con prácticamente el cien por cien del aspartato en su forma levógira. Con el paso del tiempo, esa proporción tiende a equilibrarse gradualmente hasta alcanzar una distribución de cincuenta por ciento en cada variante. Medir con precisión esa relación en el cristalino permite estimar la edad del animal de una forma similar a como funciona la datación por radiocarbono en arqueología.
Los resultados aportaron evidencias sólidas de que esta especie alcanza con regularidad edades muy superiores a las que la ciencia había atribuido a cualquier otro mamífero hasta entonces.
La historia de la caza de ballenas boreales es también parte del contexto de este descubrimiento. La introducción de la caza comercial a gran escala redujo drásticamente la población de la especie hasta dejarla en menos de 3.000 ejemplares. La prohibición de esta práctica en 1921 abrió un lento proceso de recuperación que ha permitido que la población actual se sitúe entre los 10.000 y los 23.000 individuos, según las estimaciones disponibles.
La excepción a esa prohibición son las cacerías de subsistencia que realizan los pueblos indígenas a lo largo de las costas occidentales y septentrionales de Alaska. Para estas comunidades, la ballena boreal ha sido una fuente vital de alimento durante milenios. Fue precisamente en el transcurso de una de estas faenas de subsistencia donde se produjo el hallazgo del arpón en 2007, convirtiendo una jornada de caza habitual en un descubrimiento que llamó la atención de biólogos e historiadores de todo el mundo.
El fragmento del arma fue el hilo que permitió conectar dos momentos separados por más de un siglo: el instante en que un ballenero disparó aquella lanza explosiva en algún punto del Ártico a finales del siglo XIX, y el momento en que ese mismo mamífero fue capturado en 2007, con la evidencia de su longevidad literalmente alojada en su cuerpo. Una rareza científica que, no obstante, confirmó lo que la bioquímica ya venía apuntando: que la ballena boreal es, por encima de cualquier otra especie conocida, el mamífero que más tiempo ha habitado este planeta.