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domingo, 13 de septiembre de 2026 · 00:38 · Canarias
Contaminación

Reabierta Playa Jardín en Tenerife, pero el emisario sigue roto y los turistas bañándose

La playa de Tenerife que abre y cierra al baño según la bacteria: por qué se repite cada verano

Playa Jardín en Tenerife
Playa Jardín en Tenerife · Agencias

Playa Jardín en Tenerife vuelve a estar abierta al baño, pero la semana que acaba de vivir uno de los enclaves más conocidos del norte de Tenerife merece contarse entera. Cuatro días de prohibición, dos administraciones discrepando sobre unos mismos análisis, un pleno extraordinario y una reapertura firmada por bando. Y, debajo de todo, un problema de infraestructura que sigue exactamente donde estaba.

El episodio se resume bien en tres cifras: 470, 850 y 250. Son las unidades formadoras de colonias de Escherichia coli por cada cien mililitros detectadas en tres análisis consecutivos, y explican por qué la playa cerró y por qué volvió a abrir.

La cronología del episodio en Playa Jardín en Tenerife

La secuencia arranca el lunes 10 de agosto, con una muestra tomada en el punto de control PM4, correspondiente a la zona de playa grande-centro, que arrojó un valor de 470 UFC por cada cien mililitros. Ese resultado no obligó de entrada a prohibir el baño, pero sí activó un periodo de seguimiento con muestreos diarios.

El martes 11, el mismo punto registró 850 UFC, un valor que incumple lo establecido en el Real Decreto 1341/2007, de 11 de octubre, sobre la gestión de la calidad de las aguas de baño. Con ese dato sobre la mesa, la Dirección del Área de Salud de Tenerife trasladó el miércoles 12 a mediodía la comunicación oficial al Ayuntamiento de Puerto de la Cruz, que decretó el cierre preventivo y la prohibición temporal del baño en la zona afectada. Aquel día coincidió, además, con el eclipse solar.

El giro llegó el jueves 13. La muestra tomada ese día en el PM4 descendió hasta las 250 UFC por cada cien mililitros, un valor que, conforme al procedimiento de vigilancia sanitaria de las zonas de baño, permite dar por finalizado lo que la normativa denomina un periodo de contaminación de corta duración.

El viernes 14, tras un pleno extraordinario celebrado esa misma mañana, el alcalde de Puerto de la Cruz, Leopoldo José Afonso Hernández, firmó el bando de reapertura. En esa sesión el equipo de gobierno dio cuenta de la contratación de un segundo laboratorio independiente para efectuar análisis de contraste, con cinco informes correspondientes a muestras del día 13 en los puntos PM1, PM5 y tres ubicaciones del PM4, ninguno de los cuales presentó incumplimientos respecto a los límites de referencia.

La lectura técnica del episodio es que fue una contaminación de corta duración: un pico puntual que remite en pocos días. La lectura política es bastante más larga, y sigue abierta.

Dos laboratorios, dos versiones y un emisario que sigue roto en Tenerife

El punto más delicado de toda la semana no fue la bacteria, sino la discrepancia entre administraciones. El Ayuntamiento de Tenerife sostuvo desde el primer momento que se trataba de un único resultado desfavorable frente a más de doscientas analíticas satisfactorias realizadas en el conjunto de los controles, y explicó que había encargado a la empresa Aqualia cinco muestras paralelas en la zona afectada, todas ellas con resultados que calificó de óptimos para el baño.

Sobre esa base, el Consistorio mantuvo el cierre por prudencia, alegando una duda razonable acerca del estado real del agua. La Consejería de Sanidad respondió recordando que sus laboratorios e inspecciones cuentan con la acreditación de la Entidad Nacional de Acreditación, la ENAC, y que operan bajo la normativa fijada por el Ministerio de Sanidad. El Ayuntamiento ha asegurado en todo momento que no ocultó ni desobedeció ninguna orden de cierre.

Ese cruce dejó una imagen incómoda para cualquier bañista de Tenerife: dos análisis oficiales, resultados divergentes y una playa cuyo estado dependía de a quién se preguntara. Y es, probablemente, el elemento que más conviene resolver de cara a los próximos episodios, porque la unificación de criterios entre laboratorios acreditados no es un asunto menor cuando de por medio hay salud pública.

Queda el fondo del problema, que es de infraestructura y que ninguna analítica arregla. Desde la oposición municipal, el PSOE de Tenerife reclamó al gobierno local que asuma la gravedad de la contaminación que afecta a Punta Brava y a Playa Jardín, y pidió que el Cabildo ejecute tanto la sustitución del emisario roto como la mejora de la depuradora. Su portavoz, Marco González, que fue alcalde del municipio, ha situado ahí la raíz del asunto.

El conflicto ha llegado además a los tribunales por partida doble. El Ayuntamiento anunció que se personará como acusación particular en la causa por los vertidos en la playa, y también que acudirá al juzgado contra el propio González por la gestión del enclave durante su mandato. Conviene recordar que ambas actuaciones están en fase inicial y que rige la presunción de inocencia.

El contexto añade un matiz relevante: la playa de Tenerife reabrió hace poco más de catorce meses tras las obras de regeneración, y desde entonces ha alternado episodios de normalidad con cierres puntuales por niveles de E. coli. Mientras el emisario y la depuradora sigan como están, el patrón tiene pocas razones para cambiar, y cada verano Tenerife volverá a vivir la misma secuencia de muestras, bandos y discusiones.

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