La NASA ha identificado un objeto cósmico que se mueve a una velocidad extraordinaria por el espacio, lo suficientemente rápida como para abandonar la Vía Láctea. El cuerpo celeste, denominado CWISE J124909.08+362116.0 —abreviado como CWISE J1249— fue detectado mientras astrónomos voluntarios analizaban imágenes infrarrojas de un telescopio espacial retirado.
Según los investigadores, el objeto se desplaza a aproximadamente 1 millón de millas por hora, es decir, cerca de 1,6 millones de kilómetros por hora. Esta velocidad lo sitúa entre los objetos más rápidos conocidos de su tipo y sugiere que podría estar siguiendo una trayectoria que lo expulsará completamente de la galaxia.
El hallazgo ha llamado la atención de la comunidad científica porque el objeto se encuentra en una zona intermedia entre una estrella y una enana marrón, lo que complica su clasificación y su origen.
El descubrimiento fue realizado gracias al proyecto de ciencia ciudadana Backyard Worlds: Planet 9, financiado por la NASA. En este proyecto, voluntarios de todo el mundo examinan imágenes infrarrojas en busca de objetos que cambian de posición entre distintas observaciones.
El objeto CWISE J1249 pertenece a una categoría conocida como subenanas L de hipervelocidad. Se trata de cuerpos con una masa extremadamente baja que se encuentran justo en el límite entre una estrella muy pequeña y una enana marrón.

Las enanas marrones son objetos demasiado pequeños para sostener la fusión nuclear del hidrógeno que alimenta a las estrellas normales, pero demasiado grandes para ser considerados planetas. Este tipo de cuerpos son fríos, débiles y emiten principalmente radiación infrarroja, lo que hace que su detección sea especialmente complicada.
El objeto fue detectado en datos del telescopio espacial WISE (Wide-field Infrared Survey Explorer), una misión de la NASA que cartografió el cielo en infrarrojo durante varios años.
Una velocidad suficiente para abandonar la galaxia según la NASA
Para calcular su velocidad, los científicos analizaron su movimiento aparente en el cielo a lo largo de varios años, combinando mediciones de desplazamiento con estimaciones de distancia y velocidad radial.
Los resultados de la NASA sugieren que CWISE J1249 podría estar viajando lo suficientemente rápido como para escapar del campo gravitatorio de la Vía Láctea. Sin embargo, los investigadores advierten que todavía se necesitan más observaciones para confirmar con precisión su velocidad real.
La principal dificultad es que determinar la distancia exacta de objetos tan débiles puede introducir incertidumbres importantes en los cálculos. Aun así, incluso en los escenarios más conservadores, el objeto sigue moviéndose mucho más rápido que la mayoría de las estrellas cercanas al Sol.
¿Qué pudo lanzar este objeto a tanta velocidad?
Los científicos de la NASA barajan varias hipótesis para explicar cómo un objeto tan pequeño pudo alcanzar una velocidad tan extrema. Uno de los escenarios más probables es que formara parte de un sistema binario con una enana blanca que explotó posteriormente como supernova. La explosión habría expulsado al objeto como si fuera una catapulta cósmica, lanzándolo a gran velocidad hacia el espacio interestelar.
Otra posibilidad es que el objeto fuera acelerado por una interacción gravitatoria extrema con un agujero negro supermasivo o mediante complejos encuentros entre varias estrellas en cúmulos densos.
Los investigadores de la NASA esperan que futuras observaciones espectroscópicas permitan determinar su composición química, su edad y su trayectoria exacta dentro de la galaxia.
Comprender estos objetos de hipervelocidad es importante porque ayuda a los astrónomos a estudiar cómo las galaxias pierden masa con el tiempo y cómo funcionan los procesos dinámicos más extremos del universo. Además, el descubrimiento demuestra que los datos archivados de misiones espaciales pueden seguir produciendo hallazgos sorprendentes muchos años después de finalizadas.
Para los científicos ciudadanos que detectaron el objeto en las imágenes infrarrojas, este hallazgo demuestra que incluso en la era del big data y la inteligencia artificial, la participación humana sigue siendo clave para descubrir nuevos misterios del universo.