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1.630 caracteres

Lo que tengo que trasladar a ustedes cada día, de aquí en adelante, no debe exceder de los 1.630 caracteres, con espacios. Agradezco que todavía se me obligue más a ser breve, que es una de las grandes señas de identidad de los buenos cronistas. Aborrezco los rollos

Lo que tengo que trasladar a ustedes cada día, de aquí en adelante, no debe exceder de los 1.630 caracteres, con espacios. Agradezco que todavía se me obligue más a ser breve, que es una de las grandes señas de identidad de los buenos cronistas. Aborrezco los rollos. En 1.630 caracteres cabe la actualidad española. La Actualidad Española era una revista de los tiempos de Franco y quizá una de las mejores del tránsito -con Triunfo, Destino e Interviú-; de las que hicieron historia de la pluma de grandes cronistas. Hubo más, claro, pero son las tres que me vienen a la memoria. Ahora la actualidad está en las Cortes, donde yo me entretengo mucho viendo el hembraje parlamentario, las muchachas raciales de Podemos, las pijas del PP y las greñúas del PSOE; pero a mí las que más me gustan son las taquígrafas. Creo que me estoy volviendo un viejo salido y no me gustaría. La actualidad española es insostenible: desengáñense, tal y como están las cosas, nos vemos ante las urnas el 26 de junio. Yo me voy antes a Madrid, quiero pasarme por la Cuesta Moyano a buscar libros viejos que me faltan. Si en Buenos Aires encontré primeras ediciones de Azorín, en la Cuesta Moyano hallo todo lo de González-Ruano. El otro día, por la Internet, localicé en La Casa del Libro un volumen muy interesante sobre otro de mis ídolos de la crónica: Antonio Díaz-Cañabate. Estoy disfrutando con su lectura, ya les comentaré. A la Cuesta Moyano hay que ir sin comer, con un desayuno lejano, para evitar un apretón que te joda el paseo. Y eso.

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