Cuenta Umbral en uno de sus libros (puede que en Amado siglo XX) que, tras una corrida de toros, cuando Franco recibía a los diestros para estrecharles la mano, le preguntó a Luis Miguel Dominguín: “Y dígame, Dominguín, ¿cuál de sus hermanos es el comunista?”. A lo que el torero le respondió: “Todos, excelencia, en casa todos somos comunistas”. Al general le debió hacer gracia aquello porque sonrió y desvió la conversación. Ahora, con las voladas de Podemos, ha vuelto el comunismo, pero es una especie de comunismo burgués, como el de Carolina Bescansa, cuyo abuelo farmacéutico inventó un laxante que hizo cagarse a la España de la postguerra y mira que era difícil cagarse sin tener nada en el estómago. El viejo Bescansa inventó el fármaco, al que puso su nombre, y se hizo rico viendo cómo los españoles daban del cuerpo tras ingerir su pócima. No sé quién, me dice que Carolina tiene una abuela portuense, pero yo no encuentro a la pariente en mi pueblo, aunque quién sabe. Nos estamos volviendo un poco locos todos, primero con la interinidad y después con esos tipos que contratan los concejales bobos para provocar, como el Wismichu ese, a quien por mí le daba un baño de agua fría y le mandaba medio litro del laxante Bescansa para aliviarlo de tanto disparate como lleva dentro. Claro que mucho peor es quien lo contrató. El comunismo da paso a esta fauna descerebrada que hace de la provocación su forma de vida, como los guiñoles de Madrid y toda esa basca. No sé a dónde iremos a parar, probablemente a hacer puñetas. Y eso.
Comunistas y eso
Cuenta Umbral en uno de sus libros (puede que en Amado siglo XX) que, tras una corrida de toros, cuando Franco recibía a los diestros para estrecharles la mano, le preguntó a Luis Miguel Dominguín: “Y dígame, Dominguín, ¿cuál de sus hermanos es el comunista?”
