tribuna villera

Día del agua y de los bosques

Los organizadores de los días mundiales tienen claro que las aguas y los bosques están íntimamente relacionados

Los organizadores de los días mundiales tienen claro que las aguas y los bosques están íntimamente relacionados. Por ello no dudan en asociarlos. Primero celebran el 21 de marzo, el Día Forestal Mundial, y el 22 de marzo el Día del Agua. O sea árbol y agua entrelazados,como le sucedió al Garoé, el árbol sagrado de los bimbaches aborígenes de la isla de El Hierro durante siglos, todo un referente de la denominada lluvia horizontal. Desde 1404, cuando se tiene la primera noticia según cuentan los cronistas franceses en “Le Canarien”, hasta 1610, fecha de su caída por culpa de otro elemento dela naturaleza, el viento que azotó en mayo de entonces los montes de Ventejis, en el Valverde herreño. En el manuscrito B, alusivo a Jean de Bethencourt, se lee: […en las tierras más altas hay unos árboles que gotean continuamente agua buena y clara, que cae a unas fosas junto a ellos…] Leyendo “Cuatrocientos años de Crónicas de las Islas Canarias”, del antropólogo Alberto Quartapelle, descubro una importante referencia sobre esta maravilla de la naturaleza que fue el Garoé. Contaba la crónica de 1493 la expedición conformada por cinco grandes barcos y doce carabelas que desde el océano Índico se acercaron hasta el océano Atlántico, donde estaban ubicadas las islas Afortunadas Al llegar a la costa de la isla de El Hierro, en octubre, con viento favorable y mar tranquilo, escucharon una historia acerca de un fenómeno, maravilloso de verse y que agrada oír contar: “En un lugar elevado hay un árbol grandísimo cubierto de densas hojas como las de laurel, que difunde en la isla un perpetuo verdor abundantemente rociado por el relente del alba. De él destila el agua, gota a gota, y esreunida en un estanqueconstruido alrededor del árbol productor de rocío”. Posteriormente de este árbol se ha escrito mucho y diverso. Entre otros destacados, el obispo español Bartolomé de las Casas, luego el poeta y militar Alonso de Ercilla, ambos camino de las Américas. Sus escritos dieron pie a que otros escritores españoles se dedicasen a elucubrar sobre este histórico y legendario árbol que creció en el barrancode Tigulate a una altitud de 900 metros y mirando al océano Atlántico. Fue un referente en la historia de los meteoros, del agua en particular. Hasta yo mismo me empeñé en colgarle en las páginas de la historia de la isla del Meridiano,donde estuve trabajando como ingeniero forestal. De cuando Zósimo y Tadeo me enseñaron a ahorrar agua y a aplicar el fenómeno garoetizante en los árboles que crecían en el pinar de las cumbres herreñas, así como en la laurisilva de La Gomera o en el monteverde del norte de Tenerife.Ahora el Garoé refleja la empatía entre árbol y agua, entre el agua y la energía como Aguamansa en La Orotava o la Gorona del Viento en Valverde. Sus ejemplos los llevamos al Perú,adonde viajó Humboldt en el siglo XIX, después de subir al Teide y contemplar el drago de La Orotava en los jardines de Franchy.
De agua somos, nos lo recuerda el uruguayo Eduardo Galeano en su libro “Los Hijos de los Días”. Del agua brotó la vida, repite la poetisa cubana Dulce María Loynaz; el agua es la sangre de Canarias, nos comenta el ingeniero de minas, Rafael Lario.
Isidoro Sánchez García, ingeniero de montes

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