por qué no me callo

El Diario del 16

Este año tiene su miga. 2016, sin gobierno y con estos pelos, recuerda -cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia- a 1976, ya sin Franco pero aún sin Suárez por estas fechas, y con el DIARIO DE AVISOS saliendo como un caporal por la calle Santa Rosalía

Este año tiene su miga. 2016, sin gobierno y con estos pelos, recuerda -cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia- a 1976, ya sin Franco pero aún sin Suárez por estas fechas, y con el DIARIO DE AVISOS saliendo como un caporal por la calle Santa Rosalía. Aquel DIARIO del 76, del que fui testigo con los gallos rojos de la primera redacción. Cuarenta años después, me sucede algo insólito: vuelvo a ver salir el mismo periódico centenario con aire más juvenil. Este DIARIO del 16 es como un pipiolo dejándose la barba por la pasarela de Tenerife Print. El sábado pasado, a medianoche, vi cómo imprimían los primeros números, un torito de punta en blanco, con qué empaque y colorido, que daba gusto verlo/leerlo. Liturgia de tauromaquia atronada por la rotativa. Salía al ruedo como un jiribilla, la cuadrilla de operarios lo zarandeaba, le daba vuelta y vuelta, embuchaba las 45 páginas extras del domingo y lo grapaba sin más protocolo. Tiene cara de investidura, y que Pedro Sánchez se las arregle. Renace en la ingobernabilidad política, no eligió el contexto. Borges decía que el ideal era Suiza, donde preguntó por el presidente (de la Confederación Helvética) y no supieron decirle. Le parecía genial; ahora se lo habría parecido España. El periodismo es un arma de doble filo, como narra Vargas Llosa en su última novela que cae en mis manos (Cinco esquinas): “algo vil y sucio” o “un instrumento de liberación”.

Por razones familiares, la historia me incumbe: los últimos días del fujimorismo, con los execrables vladivídeos de Vladimiro Montesinos, su número dos, repartiendo fajos de dólares a políticos en el sumidero. La prensa amarilla era un arma arrojadiza del Chino -que de la nada ganó en las urnas al Nobel-, pero cierto lobo de periodismo redentor le dio la vuelta al cuento de Caperucita, y se comió al dictador, hoy entre rejas como su mano derecha, cada uno en su jaula. La lagunera Mercedes Pinto (todas las islas leerán hoy párrafos de su novela Él por el Día de la Mujer), clamó por El divorcio como medida higiénica en Madrid, con Primo de Rivera, y tuvo que exiliarse en América. Amiga de Unamuno y Ortega y Gasset, murió en México en el 76. El año del DIARIO DE AVISOS en Tenerife y El País, cuarenta años atrás, en aquel inestable cielo taciturno de la España de Arias Navarro cuando se había ido Franco y no había llegado Suárez. La democracia española ha salido de todas, saldrá de esta. DIARIO DE AVISOS, le petit, no eligió mejor momento para refundarse.

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