el fielato

Idomeni

Es algo más que un campo de refugiados en la cuna de la civilización occidental; es la palabra que define en estos momentos la vergüenza de Europa

Es algo más que un campo de refugiados en la cuna de la civilización occidental; es la palabra que define en estos momentos la vergüenza de Europa. A Idomeni lo llaman ya el nuevo Dachau y en él se hacinan miles de historias de humillación, horror, miedo y atrocidad. En Idomeni han tenido que amputar pies a niños tras pasar varios jornadas en tiendas de campaña anegadas por la lluvia -esto lo dije el domingo pasado, pero hay que seguir contándolo-. En Idomeni se escuchaban estos días los lamentos y llantos desconsolados de muchas niñas porque sus padres les tenían que rapar la cabeza con una cuchilla y agua fría ante la plaga de piojos que asola el campamento. A Idomeni llegó gente común, como usted o como yo, con trabajo, familia y amigos huyendo de una guerra o de la barbarie del fanatismo religioso del ISIS y ahora se dan cuenta de que sus esperanzas, Europa y los europeos, los han abandonado en el fango: “Ya no existimos, estamos acabados”. En Idomeni solo ayudan las ONG y voluntarios, ya que los Estados están preocupados cerrando acuerdos para, desde hoy e ilegalmente, expulsar en masa refugiados a Turquía, que recibirá el correspondiente pago por ello, el pago por ser la cárcel de una miserable Europa. Sobre lo que pasa en Idomeni informan periodistas que ya no solo avergüenzan a las instituciones y Gobiernos al relatar lo que padecen esos seres humanos maltratados, sino a los más de 500 millones de habitantes de la Unión Europea. Al ver lo que pasa en Idomeni se entiende que aficionados de equipos de fútbol arrojen monedas u orinen sobre mendigos. Idomeni es el fracaso de una sociedad que se dice avanzada. Idomeni, inolvidable.

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