¿Para qué tanto esfuerzo? ¡Total, nunca lo voy a lograr! Este pensamiento que surge desde la desesperación de haber experimentado el fracaso me lo relataba una persona que divagaba entre la frustración de una historia constante de reveses en la vida y la sensación de pérdida en un mundo en el que parecía no encajar. Llegó a trasladarme que nunca en la vida había sentido la satisfacción de escuchar de los demás un alago o un “bien hecho”, ni tan siquiera de niño. ¡No hago nada bien!, manifestó con los ojos llorosos.
El error y el fracaso forman parte de nuestra vida desde nuestra más tierna infancia. Nuestra experiencia vital y el proceso de acompañamiento realizado por nuestros padres, madres y educadores son fundamentales a la hora de entender y asumir la no consecución de alguna meta. En ocasiones padres y madres, sin duda con buena intención, les decimos a nuestros hijos que no se preocupen por esas tonterías. Para ellos, esa sensación de fracaso personal nunca es una tontería y así debemos de hacérselo saber.
Debemos de aplicar el modelo de aprender siempre y no el del error tras error o el del fracaso constante. En primer lugar es importante que sepas que mientras algunas personas se quedan paralizadas por el miedo o se ven desbordadas por sus emociones, otras tienen una gran capacidad para superar los golpes que les da la vida. Afrontan los momentos difíciles con determinación para sacar lo mejor de sí mismos y con la seguridad de que serán capaces de manejar cualquier situación por difícil que sea y así aprender de sus errores.
Entender que no somos los mejores en todo es el primer paso de acercamiento vital al modelo aprender siempre. Las personas debemos reconocer nuestras propias debilidades y, de hecho, lo ideal es utilizar los fracasos como lanzamiento hacia el éxito, para así identificar cómo aprender y mejorar.
Cada uno debe poder identificar sus objetivos, es decir, hacia dónde quiere ir o eso que quiere lograr e, incluso, los cambios que quiere afrontar en su vida. Pero, a pesar de toda esa planificación, no todas las personas sienten que lo van a conseguir ya que no se sientes eficaces, no creen en sus capacidades y consideran que esa dificultad es insuperable.
Para comenzar a sentirnos autoeficaces es importante que puedas ser capaz de visualizarte consiguiendo la meta, sin ver constantemente barreras y problemas en todo aquello que inicias. El ser autoeficaz es importante ya que te da la fuerza para afrontar esas situaciones complejas, ya que de esa manera regulas el esfuerzo que vas a dedicarle aplicando el modelo del que antes hablaba: el de aprender siempre.
*Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva
@jriveroperez
