Mientras la presión internacional se ocupa de cercar a Maduro para que libere a los presos políticos, devuelva sus poderes democráticos legítimamente conquistados a la Asamblea Nacional e intente sacar a su país de un régimen loco y luego se marche, las Fuerzas Armadas miran para otro lado. Los militares viven en un paraíso, con sus economatos bien surtidos, sus sueldos garantizados, su seguridad controlada. Es decir, no padecen los desasosiegos, ni la inseguridad, ni el hambre del pueblo, que no encuentra comida, que no recibe asistencia sanitaria, cuyos niños se mueren por falta de oxígeno en los hospitales, en centros sin asepsia ni garantías de suministro de medicamentos. La historia dirá que a los venezolanos se les privó, incluso, de su derecho a limpiarse el culo; pero Maduro sí se podía limpiar el suyo, cómodamente instalado en su búnker de Fuerte Tiuna, de donde casi no sale. El baño de sangre puede estar servido, pero este bruto imita a los dictadores como Franco o como Fidel: anuncia conspiraciones e intentos de asesinato y censura a la prensa de su país para que Venezuela se entere lo menos posible de lo que realmente ocurre. No se le pueden poner puertas al campo. Los canales de televisión y la Internet se encargan de contar lo que ocurre. Pero hay dos Venezuelas. Los que tienen medios lo pueden conseguir todo, incluso alimentos y asistencia médica adecuada. Son los pobres los que más están padeciendo al chavismo. Precisamente eran los pobres la razón de ser del chavismo. Los populismos son así, contradictorios y traicioneros. Tomen nota aquí en España, desocupados lectores, que los tenemos por todas partes.
Hay dos Venezuelas
Mientras la presión internacional se ocupa de cercar a Maduro para que libere a los presos políticos, devuelva sus poderes democráticos legítimamente conquistados a la Asamblea Nacional e intente sacar a su país de un régimen loco y luego se marche, las Fuerzas Armadas miran para otro lado
