tribuna

Divagando

Tengo conocimiento, por los libros antiguos, de que los hombres que los escribieron pensaban igual que nosotros. Al menos nosotros lo seguimos haciendo igual que ellos. A veces pienso en la teoría emergentista. En esa fulguración que vino a iluminar la mente de los humanos. Un accidente en sus cerebros que les implantó el conocimiento de sopetón, algo tan en contradicción con la evolución de Darwin. Leí de Schrödinger que algunos físicos modernos se niegan a admitir que lo que ellos piensan sobre los átomos ya lo decía Demócrito. Para mí, las novelas son un viaje a partir de La Odisea, de Homero. Una de las más sorprendentes es la que cuenta el viaje que hace don Quijote de la Mancha por los alrededores de un pueblo de cuyo nombre no se quiere acordar. También un irlandés, de nombre James Joyce, realiza un largo periplo por Europa para escribir lo que sucede en un barrio de Dublin. Todas tienen un itinerario que cubrir, como un destino irrenunciable, aunque no confiesen que lo están haciendo. Algunos nos llevan hasta el cielo y el infierno, como el Dante, demostrando que todos los lugares imposibles se pueden visitar de la mano de los escritores. Basta con que sean pensados para que existan en la realidad. También se puede hacer un largo viaje con la divagación. Es la forma habitual que tiene de actuar el cerebro, recorriendo una y otra vez los caminos de su estructura laberíntica. Divagar no es someterse a un sistema de prueba y error. Eso forma parte de la artificialidad que enfrenta a la lógica con un sistema aparentemente más seguro. Divagar es la exposición desordenada de un orden expuesto para que los demás lo reconstruyan y lo descifren, porque se asemeja bastante a la forma que tienen para proceder en sus razonamientos. Este artículo, por ejemplo, es una divagación por los territorios de la memoria, un ejercicio que no ha sido planificado previamente, que no se ha sometido a un proyecto previo donde están contempladas cada una de sus fases y las instrucciones para su ejecución. Surge libremente como los pensamientos libres que no están condicionados por prescripciones técnicas ni pretenden crear modelos para que sean repetidos a su imagen y semejanza. No contiene un manual de instrucciones. Todo se fía al instinto del encuentro de los amantes, que fracasará si es sometido al guion elaborado por los expertos.

TE PUEDE INTERESAR