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Carmelo

El otro día me entrevistó Carmelo Rivero para Atlántico Televisión. Se curró la entrevista, aunque, a mi edad, ya siempre me preguntan por lo mismo, por todo lo contado. Carmelo ha presentado mis Memorias ligeras, ha compartido conmigo viajes (entre ellos uno a Venezuela, la última vez que ganó Carlos Andrés las elecciones), hemos hecho programas en la Radio Club auténtica juntos y hemos vivido episodios de la vida de Canarias, cada uno desde la trinchera propia, sobre todo durante la bendita Transición. El premio Taburiente, que le acaban de conceder, es muy justo, está lleno de merecimientos auténticos. No había tenido ocasión de escribir sobre estos merecimientos, aunque Carmelo sabe que los conozco, los reconozco y los celebro en la piel de un amigo viejo, pero menos viejo que yo. El otro día, en el entorno de la entrevista, le pregunté por qué está obsesionado con la muerte y me respondió con mucho tino: “No, con la vida, porque sé que hay vida después de la muerte”. Coincide con Juan-Manuel García Ramos, que ha escrito un libro muy entretenido sobre el tránsito al Más Allá, el cual para mí tiene que ser una jodienda, pero para ellos dos, no. Carmelo Rivero tiene clavada en el alma la prematura desaparición de su hermano Martín, pero lo ha llevado mejor en cuanto lo ha sentido muy cerca de él, incluso más que antes, cuando a Martín se le veía por aquí. Yo quiero mucho a Carmelo, que es una persona decente y un periodista de los que ya no ejercen esta profesión, tan quemada por las redes y por otros motivos. Por eso me encanta que hablemos, en privado o en público, para comentar eso que le dicen “la actualidad” y de algunos recuerdos, que no por repetidos quedan mal ante los televidentes. Para mí, la charla del otro día, que ustedes verán próximamente en Atlántico Televisión, fue una gozada.

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