tribuna

Políticos ‘influencers’

Se acercan otras elecciones y surgen como flores en el campo los encuentros de mayores, las visitas a las obras a medio terminar y las verbenas de carnaval en pleno otoño. Los políticos emergen intentando demostrar al ciudadano que también son del pueblo: participan en todas las fiestas vecinales que se les presenten, muestran sincera preocupación por problemas que ni ellos ni sus antecesores han sabido resolver, estrechan manos y regalan abrazos. Todo documentado oportunamente para poder enseñarlo después en las redes sociales, que es lo que se lleva ahora. Luego uno va a mirar los números y descubre que todo ese despliegue mediático de cámaras, móviles y community managers consigue, en el mejor de los casos, que unos cientos de seguidores le den el deseado dedito para arriba. Muchos de ellos son, además, miembros o simpatizantes del partido político de turno que han sido convenientemente aleccionados para que las publicaciones del candidato tengan recorrido. Los políticos compiten entre sí por la atención de un público que ya está muy entretenido. Y está bien acercarse a la gente a través de los medios de comunicación, ya sean los tradicionales o las nuevas formas que brinda la tecnología. Lo que no cuela es mostrar día tras día una pretendida naturalidad que no tiene base ninguna. Acariciar a un perrito en Instagram no vale de nada si después las ayudas a una protectora de animales que cuida de 300 perros (Adepac) no llegan cuando se necesitan. Abrazar a una persona mayor y publicarlo en Facebook es indecente si no se le ofrece la atención digna que precisa. Si lo que quieren es humanizarse de cara a la gente, compórtense con humanidad. Acérquense a las personas y a sus problemas y busquen la forma de resolverlos. Los ciudadanos no necesitamos políticos influencers, sino cargos públicos que gestionen con fundamento.

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