Justicia, ¿qué justicia?

Me han contado algunos abogados que en un juzgado de instrucción de La Laguna circulan por los pasillos panfletos que hacen apología de un partido político, como si tal cosa. No es extraño, en un país en el que mil jueces firman un manifiesto político a favor de la izquierda y en el que existen asociaciones de jueces dependiendo de la ideología de cada cual de ellos. ¿Puede un magistrado impartir justicia a políticos a los que detesta? Yo creo que no. Nos quejamos, a distancia, de la justicia en Venezuela, totalmente colonizada por el poder, pero ¿es la nuestra digna de elogio y de consideración? ¿Qué nos está pasando? Escribo esto con dolor. Yo no he creído nunca en la justicia divina, mal voy a creer en la de los hombres, pero la crisis judicial de este país es tan evidente que estoy realmente asustado. Hago un punto y seguido aquí para hablarles de una lista no publicada de evasores canarios en Panamá. Tengo los nombres. ¿Tengo derecho a publicar esa lista sin respetar la presunción de inocencia de los que figuran en ella? No voy a hacerlo, me lo pida quien me lo pida. Y conste que en esa lista figuran notables enemigos míos y también, naturalmente, amigos, amigos que siempre me han ayudado. El panorama que tengo ante mí no me gusta; ni me gusta el andar de la perrita de la justicia -yo siempre escribo el palabro con minúsculas por razones obvias-, ni me gusta la persecución y la delación sobre determinados empresarios. Qué asco de país el que tenemos, ¿no creen ustedes?

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