En una de mis maravillosas noches de insomnio de esta semana he visto, por enésima vez, en esta ocasión en el canal Paramount, Vacaciones en Roma, de William Wyler (1953), con Gregory Peck y Audrey Hepburn. Ya lo saben: una preciosa comedia romántica, una historia de amor de 24 horas entre una princesa real y un periodista americano, que vive en un ático destartalado de la Via Margutta, por la que tantas veces he transitado. Me han cautivado dos películas sobre Roma, la citada y La gran belleza, de Paolo Sorrentino (2013). La he visto ya cinco o seis veces y he soñado con Jeff Gambardella ante el Costa Concordia, naufragado en la isla de Giglio. He estado en Roma un montón de veces y pienso volver, para eso eché varias veces las tres monedas en la Fontana de Trevi, uno de mis rincones favoritos, antes de ser tomada por los turistas tan masivamente. Mi tránsito preferido es por la Via Condotti y, cómo no, la Via Veneto, donde hay una lápida en una esquina que glosa la obra de Fellini “por haber hecho de esta calle el gran teatro del mundo”. Mis hijas y yo nos hospedamos una vez en el Majestic, uno de los mejores hoteles de la ciudad. Ellas querían comer mozarella y ver al papa. Les concedí los dos deseos, pero para ver a Juan Pablo II tuvimos que irnos a Castelgandolfo: estaba de veraneo. Las llevé a comer espaguetis a Alfredo y le pedí al trío que nos tocara Tres monedas en la fuente. La cantaba Frank Sinatra, ¿no recuerdan?, Three coins in the fountain. El trío la interpretó en italiano. Roma es maravillosa, desde el Trastévere a San Pedro y desde sus colinas a sus jardines y a sus palacios antiguos. Qué pena, se me acabó el espacio. Por mí, seguiría.
Vacaciones en Roma
En una de mis maravillosas noches de insomnio de esta semana he visto, por enésima vez, en esta ocasión en el canal Paramount, Vacaciones en Roma, de William Wyler (1953), con Gregory Peck y Audrey Hepburn
