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Calero

Juan Luis Calero está en forma. Lo demuestra cada día en ¡Viva la Radio!, donde una serie de cabrones lo ponemos a prueba todas las mañanas y no podemos con él

Juan Luis Calero está en forma. Lo demuestra cada día en ¡Viva la Radio!, donde una serie de cabrones lo ponemos a prueba todas las mañanas y no podemos con él. Sus personajes se agigantan ante las dificultades y es capaz hasta de hacer de don Ezequiel, un poeta. Sin rima, o con rima asonante, pero poeta, por su ternura y por su simpleza. Pero, sin duda, además de La Señora y El Caballero sin nombres, personajes genuinos de la épica canaria que vieron la luz en un estudio de Radio Club, la de verdad, ha logrado Calero meterse en el alma de Lorenzo Olarte, hasta usurpársela. Ya no existe Lorenzo, existe Calero; o a lo mejor es al revés, el que sobrevive en este valle de lágrimas es Lorenzo, que a la vejez ha merecido mejor respuesta de este país desagradecido y atormentado: lo han dejado con una pensión de 900 euros. ¿Saben por qué? Por honesto.

Por no aprovecharse de sus largos años de político lleno de ilusión, enfermo de la política. Tan enamorado estaba de su profesión y del servicio a Canarias que se olvidó de cobrar. Para que luego digan que la política está podrida. Será para algunos. La mayoría es tan honrada como Lorenzo Olarte. Calero rinde también un servicio a su pueblo: hacerlo reír. Yo he transmitido un incendio pavoroso con él y por muchos instantes nos hizo olvidar las llamas y los muertos. Juan Luis es un genio del humor, que hace un humor muy difícil porque sus personajes no se ven, los esconde dentro de su alma de poeta, de escritor, de periodista. En fin, que quería decírselo, aunque él ya lo sabía. Y eso.

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