La soledad es una moneda de dos caras, la positiva y la negativa. Existen momentos para estar solos y otros acompañados aunque no vamos a restarle importancia al papel fundamental que tienen las “relaciones sociales” en nuestro bienestar emocional.
Aislarnos voluntaria y ocasionalmente para reflexionar es normal y saludable porque es verdad, que a veces es bueno perderse, para así luego, poder encontrarnos. Es mas, todos deberíamos reservar ciertos momentos de intimidad para uno mismo. Cuando se trata de una “soledad buscada” no tiene que resultar dañino. Al revés, puede ser muy gratificante y productivo. Únicamente cuando estamos solos, con la única compañía de nuestros pensamientos, somos capaces de reflexionar donde estamos, donde nos gustaría estar y que tenemos que hacer para lograrlo. Convivir con uno mismo nos da la oportunidad de conocernos como lo hacemos con los demás y dar rienda suelta a la creatividad para potenciar nuestras fortalezas y trabajar en nuestras debilidades. El conocimiento da seguridad, fuerza y respeto hacia nosotros mismos. Al fin y al cabo, quien dedica tiempo en conocerse lo hace para mejorar, por lo que disfrutará de una autoestima saludable. Cuando además tenemos la suerte de tener vínculos fuertes y sanos con personas de nuestro entorno, podemos disfrutar de la soledad, o mejor dicho de nuestra intimidad, porque sabemos que en cualquier momento podemos acudir a ellos.
Pero, ¿Cuál es la cara negativa de la soledad? Lo cierto es que cuando pasando por un mal momento, prolongar esa soledad puede convertirse en la peor consejera ya que, favorece el “nerviosismo” y la “tristeza”. Cuando los sentimientos de tristeza se mantienen en el tiempo, aumenta la probabilidad de aparecer sintomatología depresiva y entonces es cuando la situación realmente se complica, teniendo mayor facilidad para encontrar problemas donde debería haber soluciones. La soledad muchas veces es producida por un cambio en el entorno como por ejemplo, una ruptura sentimental, un despido laboral o cualquier tipo de dificultad que no está bajo nuestro control, y son muchas las personas que ante estas situaciones se aíslan del mundo encerrándose en sí mismos. Este comportamiento es normal y no tendría que ser contraproducente si no lo alargáramos en el tiempo. Es cierto que ante un cambio inesperado, somos muchos los que necesitamos reflexionar sobre lo que ha pasado, pero cuando lo alargamos más de lo necesario, suele ser demoledor porque tendemos a caer en el vicio de la queja, la culpa y el lamento sin hacer nada por seguir avanzando a pesar del dolor. En estos momentos es recomendable respaldarse en las personas cercanas para evitar la exageración de los sentimientos de pérdida. Muchas veces quizás no necesites consejos, pero el simple hecho de que te escuchen, te servirá para aliviar el malestar de tus emociones.
De todos es sabido, que quién tiene un amigo tiene un tesoro. Relacionarnos y compartir momentos con otras personas, mejora nuestro estado de ánimo, nuestro bienestar personal y ayuda nuestro crecimiento personal. Da igual que seamos personas autónomas e independientes. Las relaciones sociales saludables ayudan a mantener un buen equilibrio emocional. No se trata de tener un millón de amigos. Pero si es importante tenerlos. Claro está, que mejor es la calidad que la cantidad.
La soledad no tiene porqué ser negativa, pero es cierto que prolongada en el tiempo cuando pasamos momentos difíciles, sólo genera monstruos..
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