Quizá huyendo de los de Sálvame, mi médico de pueblo favorito, es decir, el doctor Rigoberto Díaz Sáez, se fue a Lanzarote, a inspirarse para un capítulo de una nueva serie cuyo guion está escribiendo: Ocho novios para ocho hermanas. No tiene nada que ver con aquella película Siete novios para siete hermanas; es otra cosa mucho más doméstica y entrañable. En el rodaje quiere involucrar al senador Antonio Alarcó, que se ha ido también a reflexionar a La Geria, o se irá mañana. Se irá, una vez cumplidos sus días de campaña en los que se ha olvidado de los amigos. Alarcó ganará de calle y me da que regresará de Lanzarote para votar, el domingo, ya cumplida estrictamente la jornada de reflexión; incluso con ayuno y abstinencia. El doctor Rigoberto Díaz no votará, o a lo mejor lo ha hecho por correo. El que no voy a votar soy yo, harto de tanta cantinflada. Esta campaña no me ha aportado nada. Qué tiempos aquellos de las tías buenas de las Nuevas Generaciones del PP. Recuerdo algunos nombres gloriosos de veinteañeras indiscutibles, pero me los voy a guardar porque algunas hoy son abuelas. El doctor Rigoberto Díaz, famoso porque un cojo entró en la consulta atropellado por un coche, e inútil, y salió andando, se ha ido a Lanzarote. Así escribía sus crónicas Azorín. Una vez, el chófer de mi abuelo atropelló a un hombre que cruzaba; nerviosos, lo metieron en el coche y lo llevaron al médico inglés, don Santiago Ingram. “¡Le hemos cortado la pierna!”, gritaba mi abuelo. “No, ustedes no fueron”, dijo el sabio galeno en su trabalenguas; “se la corté yo, por un accidente anterior”.
Médico de pueblo se va a Lanzarote
Quizá huyendo de los de Sálvame, mi médico de pueblo favorito, es decir, el doctor Rigoberto Díaz Sáez, se fue a Lanzarote, a inspirarse para un capítulo de una nueva serie cuyo guion está escribiendo: Ocho novios para ocho hermanas
