En la España de Rinconete y Cortadillo, de ciegos mendicantes y de alcahuetas follandusqueras, entra dentro de lo normal que al ministro -¡del Interior!, es decir, el jefe de la Policía y la Guardia Civil- le graben sus conversaciones en su propio despacho. Cómo será al desguarnecido ciudadano de a pie, que nada en aguas turbulentas a ver si escapa. Han pedido la dimisión del ministro por querer encontrar fallos en los independentistas catalanes. ¿Y por qué va a dimitir si lo suyo es buscar información? Al que hay que atrapar, para que pague por lo que ha hecho, es al que grabó ilegalmente la conversación de Fernández Díaz con el funcionario catalán. En esta España se ha descubierto que confundiéndolo todo se logran cosas maravillosas. Así no es de extrañar que los comunistas se autotitulen socialdemócratas y que un tipo como Pedro Sánchez pueda ser presidente del Gobierno, aunque no lo creo. Ni Dios lo permita. Si a mí me preguntan a quién prefiero, si a Iglesias o a Sánchez, yo diría que al primero, al socialdemócrata, antes de al que quiere abolir la asignatura de religión y terminar con la enseñanza concertada y cargarse el Concordato y hacer “su” cambio. Yo prefiero siempre la inteligencia antes que la idiotez. El fin, que no me esperen por el colegio electoral. No voy a votar. A mí no me toma el pelo esta jauría de mentecatos. Me quedo en casa viendo el fútbol o leyendo lo que tranque. No quiero ser cómplice de esta mascarada. Y que no me diga nadie que si no voto no tengo derecho a exigir. Claro que sí. ¿O es que acaso yo no pago mis impuestos?
