domingo cristiano

A quién votan los católicos

Hoy toca votar. Aquello de “la fiesta de la democracia”, una frase tan cursi como lo de la tontuna ésa de la jornada de reflexión. Los católicos votamos. Es más, tenemos que votar, opino. Nosotros no nos desentendemos de la construcción de la sociedad, como hacen otras confesiones y sectas: los Testigos de Jehová, para no buscar más lejos.

Es un encargo que nos ha hecho Dios mismo: colaborar en la arquitectura de un espacio más justo, donde quepamos todos, especialmente sensible con quienes peor lo pasan. Un espacio de libertad: “Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manteneos firmes y no dejéis que vuelvan a someteros a los yugos de la esclavitud”, escribe hoy san Pablo a los Gálatas. Penita me da no poder hacer alguna referencia política sobre las viejas esclavitudes que se visten con nuevos ropajes, porque no quiero yo que me enchironen. Pero ustedes me entienden.

Quedamos en que los católicos “acudimos a nuestra cita con las urnas” (otra expresión viejuna). ¿Cuánto apuestan a que sale en el telediario un grupo de monjas votando o acompañando a ancianos a que “ejerzan su derecho al voto” (ahí tienen la tercera frase de catálogo)? Hubo un tiempo en que se nos predicaba a quién podíamos votar y a quién no. Incluso hoy, algunos prelados y no pocos laicos con aficiones pastoriles más que pastorales se permiten el lujo de “iluminar las conciencias” (cuarta del día) concretando nombres y apellidos, cuando no exhibiendo la papeleta en cuestión.

No actúa así la Iglesia ahora. Cada uno, en conciencia, está invitado a elegir a quien considere más apto para gobernarnos. Lo cual no significa que los católicos podamos votar a cualquiera. En conciencia, no podemos. Un seguidor de Cristo no puede aupar a quien pretende desintegrar en lugar de unir; a quien busca vengarse en lugar de construir; a quien se considera por encima de los demás y con la obligación de llevarlos hacia la luz, incluso contra su voluntad. Un cristiano no puede avalar el discurso de quien no respeta a todos, de quien tiene intereses espurios, de quien quiera hacer experimentos con la sociedad, para ver qué le sale de todo aquello que ha leído.

No. Un católico no puede votar a cualquiera. Ningún partido acapara la grandeza del evangelio. Ninguno. Precisamente por ello, nos toca elegir entre lo que hay aquello que menos se aparte del plan de Dios sobre el mundo y sobre los hombres.

Y no es tan difícil, que enseguida se les ve el plumero. Superada la simplonería de “todos los políticos son iguales”, toca escoger. Escojamos, pues, que no somos tontos. Y no hagamos el juego a quienes se sacan una foto con nosotros en la parroquia en tiempos electorales y luego piden la desaparición de las clases de Religión, el final de los acuerdos con la Iglesia, el cierre de los colegios concertados, la reclusión de los cristianos a las sacristías…

Votar es una grave responsabilidad de conciencia. El futuro de nuestra sociedad, el bien de los hombres, la libertad gloriosa de los hijos de Dios están en juego. Los católicos votamos, claro. Y luego apostamos cada día con nuestro esfuerzo por edificar un mundo más habitable. No somos democráticos y comprometidos un solo día cada cuatro años. Votamos y luego seguimos arando, arañando la tierra para dé lo mejor de sí. Pero hoy toca votar.
@karmelojph

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