España se acojonó y claudicó ante Italia (2-0). Se ha perdido el espíritu. Se ha olvidado el carácter de ganador del combinado español. Y se cierra una era. La pérfida Italia, que juega como le gusta a Simeone, nos apeó de la Eurocopa, echando el equipo adelante durante 45 minutos. Yo paso ya de la crónica de fútbol pero con la muerte lenta de España se acabó la ilusión de todo el país. Siempre queremos ganar a última hora.
Se cierra la era del señor marqués de Del Bosque e inevitablemente debe comenzar otra con un nuevo seleccionador. En la vida, ni en el fútbol, nada es eterno. Este deporte que en nuestro país, y en medio mundo, concita tantas y tantas ilusiones, necesita de estímulos en la cancha y este equipo ya es incapaz de generarlos. Nuestro combinado rojo está agotado y, como tantas veces, es preciso empezar de cero, preparar otro. Y crear también un nuevo marketing y trazar otras metas deportivas.
Ahora hay que preparar un Mundial, para no hacer el ridículo, como en el anterior. Pero sería bueno aplaudir a una selección y a un técnico que lo han ganado todo y recordar esos éxitos y disfrutarlos en diferido. España dice adiós a la Eurocopa ante un equipo que, sencillamente, planteó el partido de cine, mucho mejor que nuestra selección. De momento, se acabaron los sueños. Una de las cosas grandes del fútbol es que continuamente hay que empezar de nuevo. Ahora nos toca. Nos toca formar una nueva escuadra que intente darnos los éxitos del pasado, tarea, por cierto, muy difícil. Pero no imposible. Ahora unos cuantos mentecatos pronunciarán la frase estúpida de Vujadin Boskov: “Fútbol es fútbol”. No, va a ser baloncesto.
