Seguramente todos, hemos conocido alguna vez a personas que siempre están a la defensiva. Personas que no bajan la guardia y que cuando se sienten amenazados arremeten con dureza y agresividad. Sin embargo, cuando conoces a muchos de ellos en profundidad, te das cuenta que solo es una fachada porque en realidad son como un flan, al que solo con un soplido lo derrumbas emocionalmente. Personas que, a raíz de malas experiencias en donde se han sentido indefensos y vulnerables, han interpretado el mundo, a nivel inconsciente, como un lugar peligroso donde solo las personas fuertes y duras sobreviven. Asumiendo esta idea, han ido creándose, poco a poco, una coraza de protección ante cualquier situación que les pueda causar dolor. Reaccionar así de manera puntual es un mecanismo de defensa que nos pueden ayudar a manejar determinadas situaciones, pero si tomamos esta actitud con frecuencia, acabamos creando una coraza emocional pensando que nos volvemos “más fuertes”, cuando en realidad sucede todo lo contrario. Pensamos que cuanto más grande y dura sea este armazón, más protegidos estaremos pero es un error, ya que no solo nos aleja de quienes nos puede hacer daño sino también de las personas que nos quieren. Queremos ser amados, aceptados, respetados, valorados pero sin mostrar debilidad y fragilidad. Dichosa manía la que tenemos de ignorar y esconder nuestra propia vulnerabilidad cuando aceptarla, es la auténtica fortaleza.
1. El primer paso para romper con esta coraza es averiguar los motivos por los que un día decidimos ponernos a pico y pala a crear esa defensa. Averiguar a partir de qué experiencia se formó la creencia limitante de que sentir dolor es de débiles y que no podemos serlo en ningún momento de la vida Es necesario aceptar que el dolor forma parte de la vida y debemos aprender a convivir con él en determinados momentos. Negarlo, es un gasto de energía gratuito ya que no todo está bajo nuestro control.
2. Cuando hablamos, no de dolor físico sino, de dolor emocional debemos entender que no nos duele lo que nos hacen sino cómo lo interpretamos. Cuando comprobamos que somos nosotros, a través de las interpretaciones que hacemos y del grado de importancia que le damos a todo lo que nos sucede, los que elegimos nuestro estado de ánimo, es cuando comenzamos a gestionar bien nuestras emociones. Ya lo dijo Gerardo Schmedling: “La mejor defensa no es un buen ataque. La mejor defensa es no sentirse atacado”.
3. La mayoría de los errores ajenos no son por maldad sino parte del ser humano. Tú también los cometes. Deja de buscar culpables a todo lo que te sucede y asume tu grado de responsabilidad. No eres débil por equivocarte. Simplemente eres humano. Aceptando que todos nos equivocamos y que lo que nos define no son nuestros errores sino las soluciones que tomamos, te será más sencillo a empatizar con otros y no ponerte en guardia.
4. Si te escondes tras una coraza es que no estás conforme con quien eres en realidad. La autoconciencia (saber quién eres, que quieres), expresar tus emociones aunque sean de debilidad y teniendo cuidado a la hora de cometer errores cognitivos como pensar en términos absolutistas “si me hicieron daño, todos me harán daño”, “si me salió mal, siempre me saldrá mal”, te ayudará a dejar de ser preso de tu propia armadura y volverte responsable de tus sentimientos.
No te asustes por sentirte vulnerable. Despréndete de tu coraza.
tamaraconsulta@gmail.com
