
Una sala de estudio que funcione las 24 horas durante los 365 días del año es el sueño de cualquier estudiante. Y desde hace un año, una realidad para los del Puerto de la Cruz.
Tener un espacio adecuado para poder concentrarse y abierto por más tiempo era una vieja demanda de este colectivo, que hasta 2014 compartía el inmueble ubicado en el número 11 de la calle Agustín de Bethencourt, donse se encontraba la antigua biblioteca Tomás de Iriarte, con los usuarios de la misma.
Hubo mucho que esperar desde que en mayo de ese mismo año se inauguraran las nuevas dependencias en los antiguos juzgados, en la calle Puerto Viejo. A partir de ese momento, se empezó a gestar el proyecto de destinar la antigua sede a sala de estudio e inaugurarla en septiembre coincidiendo con la época de exámenes.
[su_pullquote align=”right”]200 son los usuarios fidelizados que pueden entrar y salir de la sala durante las 24 horas y todos los días del año, además de los que utilizan la instalación de día.[/su_pullquote]
Los planes de entonces se vieron truncados por el mal estado de las instalaciones, sobre todo del suelo, y la imposibilidad de contratar personal debido al Plan de Ajuste en el que está inmerso el Ayuntamiento, endurecido justo un año antes. En el medio, funcionó durante seis meses de lunes a viernes gracias a un plan de empleo pero pasado este tiempo el servicio volvió a suspenderse.
Estas circunstancias no solo obligaron al Gobierno local a posponer su apertura sino a buscar recursos que la permitieran.
Una semana antes de cerrar sus puertas, la concejal de Educación y Participación Ciudadana, Diana Mora, “se plantó” en la puerta junto con la técnica del área para intentar buscar una solución con la parte más interesada, los estudiantes. Su implicación era indispensable para implantar el único modelo posible: un espacio autogestionado. Tras muchas reuniones y la creación de un grupo de wazap como canal de coordinación entre los usuarios y el personal municipal, se decidió implicar al sector privado, en este caso el hotel Four Dreams, ubicado justo enfrente.
[su_pullquote]El hotel, ubicado en el número 14, justo enfrente de la sala de estudios, es uno de los “ejes claves” para que el modelo de autogestión pueda funcionar. “Sin su ayuda hubiese resultado imposible”, destaca la concejal.[/su_pullquote]
A las ocho de la mañana se abren las puertas del recinto y se cierran a las nueve de la noche. A partir de ese momento las personas que quieran acceder a la sala tienen que tener un carné de usuario fidelizado, que se obtiene en la Universidad Popular Francisco Afonso, solicitar la llave al hotel y dejarlo como contraseña. Al llegar otra persona, se cambia la identificación y así sucesivamente. El último que se retira, apaga la luz, cierra, y entrega la llave en la recepción del establecimiento, explican la concejal y el presidente de la Asociación Canaria de Estudiantes, Yeray Ortiz, un grupo que reivindicó la apertura durante mucho tiempo.
EXPERIENCIA PILOTO
Y lo que empezó hace un año como una experiencia piloto hoy es todo un éxito, además de ser un sistema pionero y único en la Isla, inspirado en el de otras ciudades como Barcelona o Valencia. No supone un coste adicional a las arcas municipales, permite mantener abierta la sala los 365 del año las 24 horas y obliga a los estudiantes a hacerse cargo.
“Al principio hubo muchas dudas de cómo podía funcionar pero después de un año podemos decir que lo hemos conseguido”, manifiesta la edil, quien prefirió ser prudente antes de hacer público el modelo de gestión porque “no sabía cómo iba a resultar”.
Mora confiesa que ambas partes siempre tuvieron miedo de que alguien pudiera hacer un mal uso del espacio, pero hay mucha colaboración por parte de la Policía Local, que lo tiene como una de sus rutas habituales. Por otra parte, las cristaleras también son una garantía porque se puede ver lo que pasa dentro y comprobar si los estudiantes cumplen normas de uso que ellos mismos han establecido, como no comer, guardar silencio y respetar a los demás para que la vieja biblioteca sea, en todo sentido, un modelo de sala.
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La inauguración será el 2 de noviembre y se llamará como la primer bibliotecaria, Isabel Acosta
El nombre de la sala también fue elegido en la mesa de seguimiento, conformada por el Ayuntamiento y los estudiantes. Inicialmente se propuso que fuera el de una mujer dado que no hay muchos espacios en el Puerto de la Cruz con nombre femenino.
La idea se trasladó al Consejo Municipal de la Mujer y fue en noviembre de 2015 cuando se convocó una consulta popular para elegir entre tres propuestas: Isabel Acosta García, en recuerdo de la primera bibliotecaria que trabajó en el lugar; la escritora y poeta Victoria Ventoso, y Clara Marrero, maestra y primera directora de la Escuela Normal Elemental de Maestras de Canarias. Triunfó el de la primera, quien el 2 de noviembre, fecha en la que se prevé inaugurar oficialmente la sala de estudios, tendrá un cartel con su nombre.
La próxima iniciativa que abordará la mesa de seguimiento será la de crear un espacio multidisciplinar, con libros de lectura y ropa.
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