soliloquio

Demócratas de clase particular

Un piano es un piano, una ley es una ley, y la democracia es una democracia cuando todos cumplen el marco normativo que nos hemos dado, si se cambia el marco del cuadro será una España diferente.

Un piano es un piano, una ley es una ley, y la democracia es una democracia cuando todos cumplen el marco normativo que nos hemos dado, si se cambia el marco del cuadro será una España diferente. Lo de la democracia por la cara que alguno que otro pretende practicar, de un tiempo a esta parte, me parece lamentable.

Lo de los catalufos de su Catalufia, tierra de la que se han hecho propietarios en base a; sus números trucados o malintencionadamente leidos y al bunker parlamentario catalufo que sirve para todo, para legislar, desobedecer, reir, pedir a manos llenas y utilizar al pueblo con mentiras y medias verdades con las que movilizan la estulticia popular para deleite de una crema económica y una batucada política, no es de recibo, se les llena la boca de una democracia libertaria, eso si, por el momento pacífica y educada, con el tiempo se verá como queda la cosa.

Sí, demócratas de clase, que juegan de una forma singular al parchis público, de chiste. Una de estas estivales mañanas oía por la radio a un tal Tardá, que habla un español ensalivado, como si tuviera la boca llena de chicles de días. Su democrática tesis es que sus catalufos, colegas, camaradas, acratas, compañeros, y colectiveros, juegan al parchis democrático saliendo con impares, el resto del estado español, no puede decir España, sale con el cinco, ellos salen con el uno, el tres o el cinco, según les venga en gana, y que lejos de acatar la resolución del Tribunal Constitucional, el diputado Tardá se despachó y en nombre de su partido salió en los medios para reiterar su ordago a España, diciendo que: “Lo más importante es que nos mantendremos fieles al Parlament de Catalunya –no con lealtad a los catalanes, solo a su parte-, y si hay que desacatar, desacataremos”. En ningún momento habló de desatascar, todo lo contrario, “atascarem”. España no se merece esta patraña.

Lo de estar en misa y repicando de momento sigue siendo harto difícil por lo complicado que es tener el don de la ubicuidad, cuestión que alguien habrá de explicar a Homs, que vota en Catalufia que se quiere ir, y quiere venir a Madrid a contarlo y ya de paso a pedir cuantos diferenciales sean menester para que ya que se van amnistiar hacerlo con la buchaca llena, por lo de seguir repartiendo entre los elegidos por más o por menos, para los Más unos alegres maletines y para los Menos una barretina con logo y su bolsa de confeti para poder manifestarse cuando a los Más les parezca conveniente. Homs me recuerda a Menveneno, uno que cada vez que su padre le llamaba la atención con motivo de la tropelía de turno amenazaba con envenenarse, este diputado radioactivo se le parece. Homs –había que verlo el otro día cuando le quitaron su parchis- es el que pide un Estado propio para que las infraestructuras no se decidan “en el palco del Bernabéu”, las quiere decidir en el Nou Camp Nou, que ha primera vista es lo mismo y me queda la duda si con los mismos invitados o parecidos.

Leí hace tiempo un poema de Ruben Darío, que reza: “Hoy pasó un águila sobre mi cabeza, lleva en sus alas la tormenta, lleva en sus garras el rayo que deslumbra y aterra. ¡Oh, águila! Dame la fortaleza de sentirme en el lodo humano con alas y fuerzas para resistir los embates de las tempestades perversas, y de arriba las cóleras y de abajo las roedoras miserias. Al agua, aunque sea la de la ducha, pues el calor aprieta.

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