opinión

Vanidad

No. No va de política el artículo, aunque el título evoque al escenario de pactos y maquinaciones –que no negociaciones- que estos días perpetran nuestros representantes de lo público.

No. No va de política el artículo, aunque el título evoque al escenario de pactos y maquinaciones –que no negociaciones- que estos días perpetran nuestros representantes de lo público. La verdad es que la situación es cada vez más asquerosa (sí, he escrito “asquerosa”) y que la mayoría no se siente ya representada ya por estos enamorados de sí mismos, que no alcanzan la altura de miras necesaria para gobernar. ¡A qué bien común van a atender estos impertinentes cuando no practican otra bondad que la que les favorece a ellos y a los suyos! Esto no es bueno para la democracia ni para la convivencia.

Pero no. No hablemos de mezquindades. Sino de sabiduría, que en la Biblia es sinónimo de saber vivir, de alcanzar la serenidad que amanece cuando un hombre se siente en paz consigo, siembra esa misma paz a su alrededor y acierta a valorar en su justa medida cuanto le rodea y las situaciones que le acontecen. Eso es sabiduría para un creyente.

Un primer vistazo a un tal Qohelet induce a pensar que el mencionado individuo es ateo. Y si no, lea con detenimiento una de sus reflexiones: “¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad! Hay quien trabaja con sabiduría, ciencia y acierto, y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado. También esto es vanidad y grave desgracia. Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol? De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente. También esto es vanidad”.
No es de extrañar que algunas escuelas consideren que un libro ateo se ha colado en la Biblia, el Eclesiastés, que es donde aparece este texto. Sin embargo, las cosas son distintas. El amigo Qohelet recorre sin ocultar su angustia el mismo camino que cada ser humano pisa o intuye. Se enfrenta así a una de las grandes preguntas del día a día: para qué tanto esfuerzo si todo es tan efímero.

El Eclesiastés es un libro imprescindible si se aspira a la madurez cristiana. No conduce a la depresión, sino a la clarividencia. No supone dimitir del mundo y renegar de la Historia. Sino todo lo contrario: la honda belleza de cuanto existe está empañada por tantos desvelos absurdos que nos ocupan y nos preocupan y nos diluyen y nos pulverizan. Vivir es mucho más.

Vivir es conocer los límites de la vida, abrazarlos con serenidad y aferrarse a lo que de verdad importa. Esa vocación compartimos creyentes y no creyentes. Esa sabiduría se revela al oído de quien sabe escuchar los latidos del mundo y la presencia de Dios.
Vive en serio, es el mensaje de Qohelet. “Aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Lo que has acumulado, ¿de quién será?”, se pregunta Jesús ante el panorama cierto de la muerte. Vivir no es añorar la vida, sino disfrutarla, amasarla para que dé fruto, compartirla… Vivir es vivir, no sobrevivir a base de entretenimientos. Nada teme quien mira al frente, sin esconder los límites, pero sin permitirles que deformen la realidad, que es hermosa y tiene futuro y es regalo de Dios. Eso piensa un tal Qohelet, el de la vanidad de vanidades.
@karmelojph

TE PUEDE INTERESAR