
No hay antecedentes en el PSOE -un partido medular de la democracia española- del estado de esquizofrenia en que se instaló en el día de ayer.
El 28S, en que el líder, Pedro Sánchez, una vez depuesto, se atrincheró contra el enemigo, su propio partido, y se convirtió en un okupa en Ferraz, pasará a los anales de la historia. Aferrarse en Ferraz no fue lo único que hizo Sánchez hasta bien entrada la noche; tomó decisiones como si gobernara un PSOE fantasmal que solo habita en su cabeza: convocó para hoy una Ejecutiva de fieles minoritarios que acudirán como zombis a dorarle la píldora.
Pedro Sánchez, bajo el síndrome de Cotard, el delirio de negación, niega, incluso, que pueda morir políticamente. “No es no”, ha dicho, por último, a su propio partido, ya no solo al Partido Popular.




