
DIARIO DE AVISOS concede los PREMIOS TABURIENTE -que llevan el nombre de la Caldera de La Palma, isla donde fue fundado el periódico en 1890- como un ejercicio de reconocimiento y homenaje a los grandes faros que iluminan la sociedad en los distintos campos y facetas. Grandes comunicadores, músicos e intérpretes, empresarios, artistas y el mejor representante de la máxima gloria deportiva alcanzada por este país en su historia se dan cita en la segunda edición de los PREMIOS TABURIENTE, que se celebrará mañana, 27 de octubre, en el santacrucero Teatro Guimerá.
Heredera de una tradición familiar de grandes tocadores, empezó, por este motivo, familiarizándose con el timple y los instrumentos de cuerda. Y enseguida destacó en el baile, que luego ha sido objeto de una dilatada labor docente. Ha dedicada toda su vida a la enseñanza del baile folklórico en colegios e institutos de La Laguna, poniendo a salvo danzas tradicionales siempre en riesgo de extinción por falta de practicantes. Niños que fueron alumnos suyos luego dieron rienda suelta al gusanillo del folklore cantado, tocado y bailado. Pero, de modo especial, Olga Ramos es uno de los nombres propios del olimpo de las mejores voces de Canarias. Aprendió a cantar como se aprende a nadar cuando se vive junto a la playa. Hija y sobrina de dos cantadores soberanos, Manuel Ramos y Sebastián Ramos el Puntero, iba de romería con el padre a cantar y bailar, y hacía apariciones con el tío. Actuó desde muy temprano. Olga Ramos tiene sus raíces en su pueblo, La Punta del Hidalgo, un nido de cantadores y bailarines peculiares. Guardiana celosa de su tesoro, el folklore, ha sembrado la semilla en los hijos y vive entregada a los aires y danzas de su tierra como una madre protectora, que engendró en los años 60 su famoso grupo Los Zebenzuí. Esta mujer posee el don de emocionar y emocionarse cuando canta. En América se le hace un nudo en la garganta al cantarle al emigrante, un público con la lágrima fácil por los años de distancia de las Islas. Pero en su propia tierra Olga conmueve, asimismo, cuando canta. Un día, Manuel García Matos, que recopilaba sonidos directos de todos los pueblos de España para su magna antología, le preguntó si sabía cantar el arrorró. No lo había cantado nunca, pero se lo había escuchado a su madre. Y desde entonces todo el mundo se lo pide.




