in memorian

Juan Carlos Alemán

Ayer tarde, aproximadamente hacia las siete menos cuarto de la tarde, me llegaban tres mensajes distintos, los tres con el mismo contenido, solo un pequeño titular, de tres personas queridas, que se referían a una tercera persona respetada, y sí, también querida: “Juan Carlos Alemán falleció”

Ayer tarde, aproximadamente hacia las siete menos cuarto de la tarde, me llegaban tres mensajes distintos, los tres con el mismo contenido, solo un pequeño titular, de tres personas queridas, que se referían a una tercera persona respetada, y sí, también querida: “Juan Carlos Alemán falleció”. Qué cosas, el martes después de un curso en el que estuvimos tres amigos, docentes los tres, nos detuvimos un momento a hablar de cosas de amigos –lo reitero porque este comentario es a un amigo- y salió en la conversación mi siempre recordado “Gran Oso Blanco”, detalle con el que muchos nos referíamos a Juan Carlos. Alumbró en la conversación, dado que nos referimos a otro socialista, de los buenos, y también matemático, igualmente de los mejores, Luis Balbuena. A ambos los calificábamos como hombres con fuerza, en todas sus destrezas. Juan Carlos estos meses ha demostrado que siempre ha estado luchando, una característica propia de este buen hombre.

A Juan Carlos, lo vi por primera vez, cuando tan solo este otro, pequeño oso blanco, el que suscribe, tenía 25 años, y terminando Filología, comenzaba a despuntar en mis primeros pasos por el mundo de la redacción y del periodismo. A través de otro gran hombre, Francisco Poleo, el nunca olvidado Paco Poleo, llegué a la Local del PSC-PSOE en Santa Cruz para hacer labores de hombre de Comunicación, por aquellos días Juan Carlos era el hombre fuerte de la Insular del PSC-PSOE y las riendas del socialismo chicharrero las llevaba Néstor Padrón. Necesitaban un chico que recorriera, libro de notas y cámara en mano, las calles capitalinas y le gustara el contacto con los barrios y la gente. Ese era yo, y Juan Carlos contó conmigo, como otras veces. Por aquellos días, yo había empezado a escribir sobre costumbrismo, bajo la batuta, de otra gran persona y hermano de la prensa, Cirilo Leal. No sé cómo, pero mi vida, ahora que Juan Carlos me ha hecho mirar atrás, como el mismo hace unos días me dijo que me empezaría a ocurrir, en una preciosa charla que tuve la ocasión de mantener con él, pues mirando atrás ahora, que también es una mirada a hoy, he tenido la gran fortuna de ver cómo muchos me han alzado la mano en mi camino, como me sigue ocurriendo día a día.

Juan Carlos, como otros igual que él, me ha enseñado que si das la mano, con rosa o sin rosa dentro, la política es un pretexto vital, lo importante es la ideología o credo del compartir, pues cuando das la mano, la entregas al otro, estás creando una cadena que nunca se corta, siempre que la das, cuando tú necesites, de una forma y otra, alguien te la da a ti.

Todos tenemos nuestras manchas negras, seguro que yo el primero, pero las personas como Juan Carlos Alemán hacen que lo que ha sido un poco gris se olvide y reluzca lo sencillo y duradero de lo blanco.
Juan Carlos, como siempre que nos veíamos en la Plaza de la Concepción, y tú me decías con tu sonrisa en los labios –ahora permíteme que te lo diga yo-: “Hasta luego chico”. Y esta vez, te toca repetir a ti lo que yo te respondo: “Un abrazo grande”. Hasta pronto.