“Querido mundo, hay un intenso bombardeo ahora mismo. ¿Por qué callas? ¿Por qué? ¿Por qué? El miedo me está matando a mí y a mis amigos”. Este gritodesgarrado lo publicó en TwitterBana, una niña de siete años,desde Alepo,el mismísimo corazón del infierno. Fue el pasado miércoles, cuando rebeldes y soldados barrían de la faz de la Tierra cualquier destello de vida que aún pudiera quedar en la ciudad. Sin preguntas. Sin explicaciones. Sin justificación.
Sin que el mundo alzara la voz para acabar con la barbarie, con este final programado y orquestado de todo un pueblo. Sin que nadie destine un solo esfuerzo realmente efectivo a poner fin a esta reedición del Holocausto. Declaraciones,reuniones al más alto nivel,comunicados… todas esas tonterías que no le paran los pies a la muerte,que sólo sirven para anestesiar el sentimiento de culpa de unos dirigentes mundiales que ya son,sí, ya son, cómplices de la carnicería.
El mundo calla,para desconcierto de Bana, que muere de miedo mientras caen las bombas. Quizá la pequeña sea hoy sólo un amasijo de carne triturada por la metralla. De carne torturada por el silencio del primer mundo, ése que calla sin que la niña entienda cómo es posible guardar silencio ante tanto horror.
En vísperas de la Navidad, la Iglesia tiene puestos sus ojos en los mil alepos, los conocidos y los olvidados, que aún hoy provocan que el suelo que pisamos se rebele ante Dios pidiendo justicia. Mientras los hombres callamos.
Querido mundo,¿por qué callas? El grito de la Humanidad abandonada bien pudiera servir para ilustrar la celebración el nacimiento de Jesucristo. En el niño de Belén los creyentes reconocemos que Dios ha apostado definitivamente por el hombre: en sus manos ha colocado a su hijo,en nuestras manos se ha puesto él mismo para abrir de par en par las puertas a la primavera eterna.
Pero el silencio ha sido la respuesta. Cuando más,un tímido rumor de alegrías circula entre nosotros,presagio de que alcanzamos a vislumbrar siquiera de lejos lo que nos espera al vivir al amparo de Dios.
Pero nos falta fuelle. El mundo necesita más Dios,más testigos de Dios,más experiencia de Dios.Ocurre que,lo mismo que somos nosotros quienes hemos de quitar las manos del gatillo a los hijos de las tinieblas,de la misma forma Dios ha decidido salir a escena confiando en nuestra capacidad para descubrirle, para amarle,para seguirle,para anunciarle.
Así son las cosas de Dios hecho carne.Desde tan insólita locura,las verdades últimas pasan por nuestras manos. Casi,casi depende de nosotros dejar a Dios ser Dios en nuestro mundo.
Reuniones,cumbres de alto nivel,comunicados… Ahora,como antes,como siempre,surfear en el verdadero sentido de la vida,descansar en la felicidad duradera pasa por nuestro compromiso con la fe,pasa por nuestras manos.Las mismas que contempla la pequeña Bana sin entender por qué no detienen el horror.Las mismas que Dios mira esperando una respuesta. Viene Navidad. Es tiempo de hablar,de moverse, de ensuciarse las manos,porque Dios eligió la fragilidad para confundir a los fuertes.
@karmelojph
