Porque cierta tradición maldice a los presidentes norteamericanos que se salen del tiesto, como Kennedy, algunas voces comienzan a alertar de que a quien hay que prestar atención es a ese tal Mike Pence, que es como el Balaguer de Trujillo en La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, el hombre al que nadie mira a la sombra del poder. Otros ocho vicepresidentes de ese megapaís sustituyeron a los presidentes electos por defunción o renuncia -como fue el caso de Gerald Ford, que sucedió a Nixon malherido en el Watergate-.
Pues bien, eso haré hoy aquí. Fijarme en Pence. ¿Quién es el discreto vicepresidente de los Estados Unidos, que vegeta al socaire de Trump y pasa tan desapercibido como el aire? Es, prácticamente, un colega, un exlocutor radiofónico al que atribuyen gran dominio de voz. No hay que hacerse ilusiones, es tan facha o más que su ángel tutelar: “Soy cristiano, conservador y republicano, por ese orden”. Esa es la definición de sí mismo. Un ultraconservador que engaña con la edad. Tiene solo 57 años y parece más viejo por el pelo canoso con raya a un lado como un hombre mayor. En eso es la antítesis de Trump, que luce un tupé sospechosamente rubio, tras superar la prueba de una ventolera para desmentir que lleva bisoñé. Pence, entonces. Si este es el hombre, debemos añadir su profesión. Es abogado. Pero, al contrario que su jefe, posee una larga trayectoria política, como suele decirse.
En la campaña era el check and balance de Trump, la experiencia y la corrección de modales frente a la inmadurez de un echado pa’lante deslenguado que hacía el payaso como método de proselitismo entre un electorado zafio y disgustado con deseos de votar a un orangután con flequillo por llevar la contraria al sistema como único propósito de fondo. O sea que Pence, con las contraindicaciones que se le suponen por ser la pareja de quien es -ojo, dos idénticos homófobos-, parece, a juicio de algún exégeta bondadoso, que tiene mejor pinta que el magnate, al menos, por dos credenciales: aseguró sentirse “ofendido” por la grabación machista de Trump y rechazó en las primarias la propuesta del ínclito de prohibir la entrada de los musulmanes a Estados Unidos, el anatema actual. Los mal pensados dicen que para Trump hay una bala en camino. Y este es Pence.
