
David Batista, al que en estos momentos se juzga como presunto autor de los delitos de asesinato, incendio y amenazas a cuenta de la terrible muerte sufrida por su expareja Laura González, confesó los hechos al poco de tener lugar. Así lo declaró ayer bajo juramento la doctora que lo atendió en primera instancia por las quemaduras que sufrió, en uno de los testimonios con mayor relevancia de los que se prestaron durante la tercera sesión de la vista oral que se celebra esta semana, con Tribunal de Jurado Popular, en la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife. Dicha doctora detalló que David le dijo: “Fui yo, fui yo; la rocié, se me fue el baifo”. A este respecto, aportó un detalle interesante: el hoy acusado le confesó lo acaecido sin que ella le preguntara sobre el asunto, por cuanto la doctora creía que su paciente era víctima de un incendio al desconocer que, en realidad, una joven acababa de ser quemada viva en el interior de una tienda de la Calle Real, en pleno corazón de la capital palmera.
Como ya ocurrió en la segunda sesión del juicio, esta fase testifical reafirma de forma considerable las tesis de las distintas acusaciones personadas en la causa, que solicitan un total de 42 años de cárcel para el acusado. De especial interés resultó lo declarado por distintos amigos de la joven, que confirmaron el largo periodo de amenazas y acoso al que David sometió a Laura desde que ella, aproximadamente mes y medio antes del crimen, le anunció su intención de poner fin a casi cuatro años de relación sentimental. Si ya el contenido de los mensajes de SMS enviados por el acusado al teléfono móvil de la víctima dibujaban con nitidez las perversas intenciones de David, ayer hubo unanimidad: ella sufría durante el noviazgo por mor de los persistentes celos de él, a tal punto que llegó a describirse el noviazgo como “una losa” para la joven, lo que concuerda con el relato que el pasado martes prestó la madre de la tristemente fallecida.
Entre lo manifestado ayer por quienes trataban habitualmente a la pareja, hay dos datos especialmente significativos. Si ya en los mensajes de SMS aludidos con anterioridad se hace referencia en alguna ocasión al fuego, las compañeras de trabajo de Laura confirmaron que al día siguiente de la noche de San Juan (del 23 al 24 de junio, es decir, un mes después de romper la relación y casi 20 días antes del brutal ataque) ella acudió a la tienda antes de su hora de entrada para no pensar, bastante alterada porque por la noche David le había dicho: “Voy a ir a tu tienda y te voy a quemar”, tal y como recoge Efe. El otro testimonio sería una prueba de cómo llegó a crecer en intensidad el acoso, ya que una amiga de ella aseguró que presenció una escena en la que David escupió a la joven.

Ante la pregunta de cómo es posible que todos estos mensajes y actitudes no fueran denunciados a tiempo por la propia víctima o su entorno, cabe recordar que la madre de Laura explicó que ella era la primera en restarle credibilidad a la posibilidad, que el tiempo hizo certeza, de que él materializara sus amenazas. Según le dijo la joven a su madre, pensaba que quien te había querido tanto como decía nunca podría hacerle daño.
Retornando a la jornada de ayer, también fue el día en que prestó declaración el padre del acusado, que se mostró apesadumbró y desveló que ni siquiera sabía que su hijo era adicto al alcohol y a varias sustancias estupefacientes, un consumo que David ha puesto como explicación de su comportamiento. El progenitor detalló además que aquella mañana su hijo le dijo que iba a ir a la playa. Hoy continúa el juicio en la Audiencia Provincial, en una jornada donde seguirán declarando varios facultativos y, en principio, mañana se entregará el objeto de veredicto al jurado para que comience sus deliberaciones.
No perdió la consciencia y sufrió terribles dolores
Una muerte espantosa que llegó tras sufrir terribles dolores. La tercera sesión del juicio que se sigue por la violenta muerte de la joven Laura González puso en evidencia que la víctima padeció un sufrimiento atroz durante el intervalo de tiempo en que fue quemada tras ser rociada con gasolina y el fallecimiento, acaecido casi dos horas después en el Hospital General de La Palma. Los testimonios prestados ayer por varias de las personas que la auxiliaron en ese tiempo reafirmaron aún más la sensación de tristeza e indignación que embarga a muchos de los presentes durante la celebración de esta vista.





